Gestionándo mis emociones para potenciar el "Buen Vivir" en mí.
Para todos debiera ser prioridad el poder vivir en compromiso, plenitud y trascendencia. El Compromiso debiera llevarme a mi comunión con el forjar, en el presente, el futuro que quiero construir para vivir en él, de la forma que quiero vivir para sentirme satisfecho desde mi significar y re-significar mi “potencial realizado”. La Plenitud tendría entonces que aportar para mí, esa paz interior y esa sabiduría profunda, que hablan de que el paso del tiempo, del haber vivido nuestro pasado, de la historia que hemos escrito en nuestro transitar por la vida, no han sido en vano; que han dejado una huella positiva en mi Ser, aportándome no solo las competencias, los recursos y los conocimientos que requiero para seguir viviendo, sino principalmente la humildad y la esencia que me devienen cada día, en la trasformación activa y profunda de mi Ser, para mejor. Y la Trascendencia debiera darle sentido al futuro que voy forjando desde mi mirada consciente y con foco; desde mi amplia consciencia de que mi vivir es la única oportunidad que tengo para ser feliz y entregar mi legado a la vida misma.
Así,
Compromiso, Plenitud y Trascendencia; efecto y consecuencia del presente,
pasado y futuro que voy forjando al construir el destino que quiero para mí, al
ir alineando a mi Ser, un Hacer y Tener consecuente, que no me alejen ni por un
instante del camino que es mío, más allá de si es el “correcto”. Que le dan
sentido a mi vida, un sentido que me permita vivir en completud, desde la
realización profunda de mi Ser Esencial.
Y
es que desde la mirada ontológica de que las emociones son reacciones
psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del
individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo
importante. Y en consideración de que desde este mismo manantial filosófico y
práctico, cada vez que experimentamos un suceso inesperado se activa una
emoción, y de que al referirnos a las emociones, a menudo estamos observando la
forma en que ellas modifican nuestro horizonte de posibilidades; es que me
atrevo a decir que aquel que gestiona “de la mejor manera” sus emociones,
siempre estará mucho más cerca de moverse desde el compromiso, la plenitud y la
trascendencia que forjan y potencian el habitar cotidiano en el “Buen Vivir”,
tanto desde su esencia interior, desde la grandeza de su Ser Esencial; como en
el disfrutar día a día desde el agradecimiento, de su contexto. Del entorno en
el que se mueve, de ese exterior que impacta cotidianamente su Ser y le
complementa.
Y
es en el relacionarme con otros donde frecuentemente mi gestionar las emociones
que me asaltan suele resultar complicado e incluso peligroso. Lo anterior, sin
dejar de reconocer que la gestión de las emociones que exclusivamente impactan
hacia mi interior, en el Ser que yo soy; cuando no es la adecuada, genera daños
fisiológicos y psicológicos de diversos grados, pero siempre perjudiciales,
siempre dolorosos.
Cuántas
familias terminan separadas, sino es que hasta como enemigos irreconciliables,
por un simple exabrupto que se pudo evitar, por mucho que “nos asistiera la
razón”. Cuánto perdemos con tal de engordar nuestro Ego, sin considerar que esa
misma fortaleza que le otorgamos, tarde o temprano, se volcará contra nosotros
mismos. Cuánto daño hacemos simplemente por sentirnos superiores e intocables, para que después sea la propia
vida quien acabe poniéndonos en nuestro lugar, derramando muchas lágrimas; mediando
en ello mucho dolor, transformado profundamente en sufrimiento.
Y
todo, para qué… ¿Vale la pena todo lo que perdemos, simplemente por sentir que
nos salimos con la nuestra? ¿Es preferible quedarnos solos, que ser humildes y
privilegiar la posibilidad de convivencia armónica que me permitirá siempre ser
más fuerte en comunidad? ¿Tiene mayor valor ganar a toda costa, que ceder en lo
posible para que en la reciprocidad del otro, podamos llegar a acuerdos
ventajosos y significativos para ambos? Nos olvidamos que cuando apuntamos con
el dedo, hay otros cuatro apuntando hacia nosotros. No le damos valor al otro,
y en ello perdemos nuestra propia valía. No nos damos cuenta que, con el
tiempo, aquello de lo que nos quejamos con tanto afán, es exactamente lo que
habita en nosotros y se ha apoderado de nuestro Ego. La Coach Española, de gran
renombre internacional, Cris Bolívar, sentencia: “La gran paradoja del ser humano es que, para ser felices sostenemos
una imagen de nosotros mismos que nos impide ser felices”.
Según
Pablo Nachtigall (Inteligencia emocional en la empresa: Cómo desarrollar un
liderazgo óptimo. Nachtigall, Pablo. Editorial Garnica, Argentina 2018), la inteligencia emocional es el
autoconocimiento que permite a una persona establecer un vínculo amistoso con
sus emociones y también con las personas con las que interactúa. Parafraseando
al autor, podríamos decir que en este mundo en el que nos tocó vivir, esta es
la habilidad y la capacidad más grande de cualquier persona para generar
vínculos satisfactorios, gratificantes y cooperativos con las personas que nos
rodean. En pocas palabras, para no complicarnos innecesariamente la vida, y
obtener resultados superiores.
El
propio autor deja ver que gestionar adecuadamente nuestras propias emociones
nos permite desarrollar mayor inspiración, compromiso y bienestar con nuestra vida,
lo que impacta positivamente en nuestras interrelaciones con los demás,
potenciando poderosamente nuestras habilidades y posibilidades de “forjar
destino” y vivir en plenitud.
Desde
el Coaching Ontológico, la emoción es el primer impulso que surge en nosotros
en nuestra interrelación con la vida, impulsando el devenir de un determinado
pensar y actuar. Por tanto, si gestionamos adecuadamente nuestras emociones,
adquirimos muchas posibilidades de que nuestro pensar y nuestro actuar sean
asertivos. En este contexto, nuestra actitud se vuelve abierta, entusiasta y
comprometida con nuestra intensión solidaria de “hacer comunidad”. Así es que
el respeto, la confianza y el compromiso impulsan nuestra capacidad de
construir “relaciones poderosas” que no solo nos permitan obtener resultados
extraordinarios, tanto en lo individual como en lo colectivo; sino que sean
base para alimentar nuestro Ser Esencial y poder vivir cotidianamente en
plenitud, apasionados y obsesivos por gozar del “Buen Vivir”, desde nuestra
integración plena y poderosa con nuestro entorno.
Cuando
yo soy capaz de “dar sin esperar nada a cambio” siempre estaré en posición de
dar más, y es este dar más, siempre sin esperar nada a cambio, lo que más me
acerca a Dios, sea cual sea nuestra creencia al respecto. Es por ello que la
Madre Teresa de Calcuta decía “Si juzgas a la gente, no tienes tiempo para
amarla”, “dar hasta que duela, y cuando duela dar más”, “si eres humilde nada
te puede dañar, ni los elogios, ni la vergüenza, porque sabes lo que eres”, “ama
hasta que duela, si te duele es buena señal”, “el amor comienza en casa, y no
es lo mucho que hacemos… es cuánto amor ponemos en cada acción”, “no deis solo
lo superfluo, dad vuestro corazón”, “cada obra de amor, llevada a cabo con todo
el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios”. ¿Acaso no es en una
cadena de pensamientos como esta, donde se encuentran las bases para gestionar
nuestro torrente emocional?
Cris
Bolívar dice: “cuidar de uno lleva a cuidar de otro, bien distinto de cuidar de
otro para que cuiden de uno”, y es tan acertada esta figura literaria. Si tú
haces algo por obtener una recompensa es imposible que lo hagas de corazón y
siempre lucharás por un reconocimiento que crees que mereces, sin considerar
que el agradecimiento es algo que otorga libremente el que ha recibido, y no un
derecho que forzosamente debe recibir el que ha dado. Es por ello que, cuando
damos sin esperar nada a cabio, no solamente se fortalece nuestra capacidad de
dar, sino que el alma se alimenta desde el hecho mismo de que el dar nace del
amor.
Cris
Bolívar dice que “cuando dejas de pelearte contigo mismo, florece tu don”; ya que
el amarnos es lo que nos permite entrar en ese espacio de sabiduría que vive en
nuestra esencia, en el constructo del “Buen Vivir”, que alimenta y fortalece
nuestro “Ser Esencial”.
Y
sin pretender ser simplistas, la gestión de nuestras emociones no es tan
complicada. Basta estar siempre dispuesto a reconocer cada emoción particular
cuando surja. Reconocerle y saber cómo es; para luego hacer una breve, pero
profunda reflexión, que nos ponga en foco con el propósito que nos tiene ahí. Y
entonces buscar cómo el impulso emocional que estamos sintiendo ayuda a
potenciar nuestra posibilidades de alcanzar dicho propósito, para luego asumir
la actitud y el accionar que más sume a la consecución de lo pretendido,
generando valor para todos los implicados, los involucrados, desde nuestra
esencialidad en la humildad.
Parafraseando
a Cris Bolívar, el secreto está en no pretender engordar el Ego, sino facilitar
trascenderlo, porque allí se encuentra el verdadero potencial. Y cierro con un
pensamiento de esta misma Coach, Escritora, Fundadora y CEO de Essential
Institute:
“El camino de
retorno a la esencia. Un camino hacia la sabiduría. Es un camino de amor, amor
a uno mismo y a la vida. Un camino sin miedo. Un camino de agradecimiento. Un
camino de humildad y de confianza. Un camino hacia la autenticidad, la esencia,
la totalidad. Un camino hacia la claridad y la luz.”
Y
es ahí donde se encuentra el camino hacia una mejor gestión de las emociones,
en el Ser Esencial que nos soporta y
contiene, en la Biología del Amor de Maturana, en el descubrirnos cada mañana y
comprobar que somos mejores y merecemos de cohabitar en el “Buen Vivir”.

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