Hacia un Liderazgo Abierto...




Hacia un Liderazgo Abierto…
Un Liderazgo Abierto es aquel espacio organizacional de acción, donde el líder se muestra abierto, receptivo y agradecido con su propia naturaleza humana y a la de las otras personas con las que interactúa. En él, el líder guía, acompaña y está al servicio de sus seguidores; muestra activamente su tolerancia a la diversidad, su maestría en el manejo social de los adelantos tecnológicos de nuestro siglo y su compromiso con lo humano, con lo esencial, con lo trascendente, con la sustentabilidad, con su solidaridad a favor de los demás; en pocas palabras, su apertura con el mundo. Así, el líder se constituye en ejemplo, inspiración, coherencia y compromiso; principios todos desde los que abraza su apostolado en pro de la transformación holística, incluyente e incremental del Liderazgo mismo.
Desde este espacio, es que se profesa que los seres humanos no vivimos en la realidad sino que “vivimos la realidad”; que la interpretamos, que la construimos (principalmente a través del lenguaje), y que esto, sin duda, afecta a las organizaciones que construimos. Así, cada individuo es capaz de crear su propia realidad, de vivir en su propia realidad, de creer su propia realidad, de interpretar su interacción con la realidad, de darle sentido a su propia realidad, de fundamentar la razón de su propia realidad.
Y si cada individuo puede vivir la realidad de forma distinta, más allá de que los hechos pudieran ser unos y no variar, es entonces que el Liderazgo debe aceptar la experiencia de la co-existencia de realidades múltiples, no sólo en la diversidad que representan las distintas personas en sí, sino también reconociendo y admitiendo que en un mismo individuo pueden devenir desemejantes situaciones, dependiendo de sus desiguales apreciaciones, opiniones; de las disímiles interpretaciones que uno mismo va construyendo (y derrumbando) a lo largo de su vida, a lo largo de su camino hacia su trascender personal y social, a lo largo de su historia… de la legitimidad de la propia y única historia de cada quien.
Así, el Líder se enfrenta a una serie de realidades que no sólo son múltiples, sino que también son cambiantes, dinámicas, que se construyen y se derrumban según el sentido de la vida, de la vida de cada persona. Aún más, la mayoría de esas realidades son una interpretación del futuro, no del presente y menos del pasado.
El pasado no lo debemos interpretar ya que consta de una serie de hechos ya ocurridos que simplemente debemos narrar, que ya no podemos cambiar, no pueden ya ser diferentes. Interpretar el pasado nos ata a la intención insana de la pregunta ¿por qué me pasó esto?, que en la generalidad resulta inútil, dañino e innecesario.
Por qué tuve que estar en esa esquina, justo cuando el conductor de aquel automóvil perdió el control y me atropelló. Por qué me levante de la cama, aquella mañana en la que me despidieron del trabajo. Por qué tuve que haber nacido de aquellos padres.
Debo admitir que en este cuestionamiento consciente pudiera haber un breve espacio para la reflexión y el aprendizaje, pero nada más allá de eso. ¿Resulta relevante insistir e incitar a la mente para obsesivamente buscar respuestas a ello?, tal vez no. Tal vez es mejor dejar el pasado en el pasado y empezar rápidamente a edificar, a construir nuestro futuro, a forjar nuestro destino. Steve Jobs decía algo así: equivócate pronto y barato, y lánzate rápidamente a comenzar de nuevo, a intentar algo diferente, una nueva pasión.
Y entonces quizá, pudiéramos replantear las interrogantes citadas:
Ya que lamentablemente fui atropellado en aquella ocasión, qué debo hacer para retomar mi vida con éxito y satisfacción, a partir de mi actual circunstancia, de mis nuevas condiciones (fueran las que fueran).
Ya que me quedé desempleado, qué nuevas oportunidades puedo visualizar, buscar, encontrar, alcanzar, para tener un mejor empleo, que me satisfaga y me apasione.
Ya que gracias a mis padres nací y vivo, qué puedo hacer, desde mi aceptación y gratitud por la vida que me dieron, para ser la mejor persona posible, para mí y los míos. Y, sobre todo, para ser un mejor padre, como compromiso personal con mi destino.
Sea cual sea la circunstancia, mi circunstancia; qué puedo hacer, qué acciones están en mis manos, para lograr lo que me propongo y dar paso a la mejor expresión de la persona que puedo ser… Qué futuro puedo construir, que destino puedo forjar, qué historia puedo dejar para ser narrada.
Vivo apasionadamente mi presente, pero claramente consciente y responsable de que lo que haga hoy tendrá forzosamente una repercusión en el futuro, por lo que es mejor que esté alineado a la razón y el sentido de mi propia vida.
Así, transitando un poco desde el contexto del Mundo VUCA (del inglés volatility, uncertainty, complexity, ambiguity), las realidades múltiples y dinámicas que conviven entre las personas y las organizaciones, y hacia el interior de cada una de ellas, son por su propia naturaleza:

  • Volátiles. es decir que varían con facilidad, que cambian con relativa frecuencia.
  • Inciertas. Su posibilidad de cambio puede concebirse desde múltiples espacios y escenarios, por lo que no es predecible (al menos con facilidad y exactitud).
  • Complejas. En su conformación, a nivel emocional, mental y/o corporal, (así como en el Ser, Hacer y Tener de las organizaciones; en su estructura, prácticas y soporte rector), presentan múltiples interconexiones circunstanciales que determinan su unicidad, dentro de un contexto diverso.
  • Ambiguas. Pueden entenderse o interpretarse de diversas maneras, sin caer en un error o garantizar su certeza. No hay verdades absolutas y esto rompe con el paradigma de la Metafísica, haciendo responsable del su propio acontecer a la persona (organización en su conjunto) que toma (o deja de tomar) decisiones.
Así, como se ha dejado ver, en un Mundo VUCA, las organizaciones, como constructos humanos, responden a las mismas características. Por ello, el liderazgo es más arte que técnica o ciencia, ya que se requiere de la mejor expresión de la naturaleza humana para su ejercicio en un mundo líquido (parafraseando a Zygmunt Bauman), en el que las organizaciones transitan en tiempo real (parafraseando a Jim Selman), arrastrándonos a todos con ellas.
Y me atrevo a tomar el decir de Juan Vera (Coach Ontológico Español), para seguir navegando por el Mundo VUCA y su aplicación al SER (al estar siendo), como punto de partida para cimentar correctamente el Liderazgo constructor de Destinos. El autor señala que existen algunas otras teorías que utilizan el mismo acrónimo VUCA, pero con distinto significado, para hacer más accesibles los conceptos de fondo al devenir de las personas como constructores de futuro. Así, hablando de las interpretaciones múltiples de la realidad, he aquí una connotación “diferente” de lo VUCA (View, Understanding, Clarity, Agility):

  • Visión. No es la reacción a lo de afuera, es el propósito interior, el propósito definido hacia algo.
  • Comprensión. Apertura a comprender de una forma acuciosa, atenta, todo aquello que está pasando.
  • Claridad. La importancia de mantener en este mundo difícil, posiciones claras, de buscar mensajes directos.
  • Agilidad. Implica que en muchos momentos hay que desechar la fantasía del control, ser más abiertos, más libres, más fundamentados y constituidos en el respeto, la colaboración y la confianza recíprocos.
Continuando con la inspiración desde el decir de Juan Vera, un Líder Coach del futuro tendrá que estar más dirigido a aspectos como los incluidos en esta última versión de lo VUCA. Cómo conectamos a las organizaciones, a las personas, a las sociedades, con visiones y propósitos; Cómo nos abrimos a salir de las propias interpretaciones y a hacer caso a lo que emerge de este mundo diverso, interconectado, complejo; Cómo llevamos al grupo a que realmente se mantengan posiciones claras, directas, definidas; aunque se tenga la posibilidad de estarlas cambiando de forma permanente. Cómo empezamos a pensar desde modelos más ágiles, quizás en el entendido de que ello requerirá cambios culturales muy profundos, por lo que esto es uno de los desafíos y quehaceres fundamentales del líder, posicionándose asertivamente como un SER–Agente de Transformación Cultural, no sólo en las personas y las organizaciones, sino en todos los ámbitos en los que opera.
Sin embargo, a mi juicio, un Líder forjador de Destinos debe sustentar su actuación en ambas apreciaciones de lo VUCA, ya que su responsabilidad supera el ámbito del SER (lo humano) y se funde con el HACER y TENER (lo estructural y los resultados) de las organizaciones.
Así, podemos decir que las Organizaciones Inteligentes que “existen” en un Mundo Líquido y operan en Tiempo Real, requieren de Líderes forjadores de Destinos que tengan la maestría necesaria para percibir, guiar, acompañar y servir a estas estructuras humanas en su camino hacia la consecución de sus propósitos generativos, desde la comprensión de la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad que habrán de encontrar en la ruta; mientras que incorporan activamente su sapiencia para accionar colaborativa, solidaria y éticamente, en el devenir de la actuación humana, que encierra el involucramiento de las personas en la marcha organizacional, desde la visión, la compresión, la claridad y la agilidad, que les son fundamentales.
El Líder debe entender que organización y persona no es lo mismo, que lo humano no es igual a su creación. La creación de las personas responde o surge desde sus habilidades, desde sus competencias, desde su inventiva, desde su posibilidad de imaginar cosas, mundos diferentes. Pero la persona misma no surge de ahí, ni responde a todo ello. La persona surge de su propio SER, de su posibilidad de estar siendo ante él mismo y el mundo, desde su compromiso con la vida y su aceptación de la muerte.
Para los expertos, el arte de ser líder es el arte de ser uno mismo. En este sentido, es de subrayarse que al líder le compete, le compromete, le responsabiliza, un papel predominante en crear ambientes seguros en los que se puedan expresar, con libertad y certeza, valores y principios que guíen el quehacer de él mismo y sus seguidores, tanto en lo individual como en lo colectivo. Así mismo, no hay que olvidar que hacer lo anterior con éxito, facilita en las personas (todas, incluido el líder mismo) la búsqueda de propósitos (metas, objetivos) meritorios a través de sus mejores esfuerzos.
Dicen los expertos en Inteligencia Emocional que, al final, la felicidad y la autorrealización es lo que verdaderamente importa. Por lo que siempre será relevante tanto “el llegar” como la forma en que se ha recorrido “el camino”.
En el aspecto personal y cotidianamente, el líder debe ser capaz de inventarse a sí mismo, de reconstruirse tantas veces como sea necesario, de aceptar su vulnerabilidad y hacer de ella su principal fortaleza. Es este un ejercicio auto dirigido, el primer nivel (que no el menos importante) de un Liderazgo forjador de Destinos. Quizá el mayor éxito en esta empresa cotidiana, activa e incremental, depende en mucho de que el líder tenga y manifieste inspiracional y coherentemente, auto-respeto, auto-confianza, auto-estima, y a la vez comprenda que su proceso personal de desarrollo es único y auto-dirigido, que no depende de nadie más (aunque esto no significa que no pueda pedir ayuda cuando lo requiera) y que en la vida no hay imposibles, aunque hay que tener presente siempre que ésta (la vida) tarde o temprano habrá de concluir.
En el aspecto organizacional, y sólo por enumerar algunos aspectos ejemplo, la volatilidad del mundo de ahora hace sucumbir la tradicional intención del control. Intentar controlar la marcha organizacional, en un mundo rápidamente cambiante, nos lleva a colocarnos en una paradoja muy poco prometedora:
  • Si logramos controlar ampliamente la marcha organizacional, la estaremos sacando de su contexto en el tiempo. Estaremos construyendo una organización rígida, lenta, extremadamente burocrática y muy poco eficiente; lejos de la intención de agilidad que debiera caracterizarle para sobrevivir en un mundo en tiempo real.
  • Si lo intentamos y no lo logramos, la lucha entre directivos y trabajadores se hará eterna, los niveles de frustración se dispararán y diseminarán por doquier, la cultura de la obediencia pasará factura y la organización marchará hacia el fracaso (lenta o rápidamente). Una intención fracasada de control lleva a que la organización pierda su cohesión, a que los intereses de grupo prosperen y rijan en el diario accionar, a que la corrupción aparezca y se fortalezca, a que cada quien sobreponga su interés particular sobre el interés colectivo, sacrificando o postergando la posibilidad de la organización de alcanzar su visión corporativa.
Así, la apertura debiera ser la distinción de las organizaciones y las personas al entendimiento de que los grandes logros difícilmente se consiguen a través del esfuerzo individual. Juntos hacemos más y, lo más relevante, unidos podemos conformar un Ser Corporativo que nos permita alcanzar grandes aspiraciones colectivas que, de otra forma (a través del esfuerzo individual y aislado) pudieran sernos esquivas o hasta imposibles. Unidos en un esfuerzo colaborativo, solidario y ético, no sólo pudiéramos forjar el destino colectivo que pretendemos, sino también alinear a él y así fortalecer, las posibilidades reales de alcanzar nuestras aspiraciones personales relacionadas con ello.
La incertidumbre que existir en un mundo líquido (en constante cambio y transformación) propicia, hace que aspectos fundamentales de la Administración tradicional como la Planeación Estratégica; los Modelos de Negocio escritos en piedra; el culto a procesos, políticas, normas e indicadores invariables e inmutables, surgidos del pensamiento lineal; la no evolución del Proceso Administrativo tradicional; un viejo entendimiento de la Mercadotecnia sustentado en la oferta y no en la necesidad o el interés del “cliente”; entre otros muchos soportes “modernos” de la Administración Científica, deban de evolucionar hacia conceptos más libres, humanos y verdaderamente asertivos, en los que la claridad sustentada en la ética, el respeto, la confianza y el compromiso, y sobre todo en la claridad de la intención humana, permitan la poderosa construcción de comunidades de propósito que impulsen el forjar destinos deseados, anhelos listos para constituirse en realidades objetivas, y sobre todo, escenarios humanos en los que la felicidad y la realización sean posibles; se constituyan en la regla, no en la excepción.
Para concluir, destaco que la complejidad y la ambigüedad en la que deben accionar las organizaciones y las personas que viven en el contexto del Siglo XXI, hacen que la comprensión de lo que se vive en tiempo real sea igualmente compleja y ambigua para el Ser (individual, organizacional, corporativo y social). Se requiere una transformación profunda de los conceptos filosóficos y prácticos que durante muchos siglos han sustentado el actuar humano. Un cambio de fondo en el que se rescate el concepto de lo humano y se aplique como centro alineador para nuestro quehacer. Así, el aprendizaje tradicional pierde sentido y utilidad, reclamando su propia transformación y su evolución sostenida en el aprovechamiento de las nuevas posibilidades tecnológicas y comunicacionales.
Por tanto, el aprendizaje en equipo (aprendizaje profundo, dinámico e incremental), piedra angular en la creación y mantenimiento de Organizaciones Inteligentes, se consolida como posibilidad en la transformación del pensamiento lineal en el pensamiento sistémico, que nos lleve a la constitución de nuevas organizaciones, aptas para vivir exitosamente en un Mundo Líquido que opera en Tiempo Real.
Así, un Líder forjador de Destinos se distingue por:
  • Ser capaz de impulsar la colocación del Ser Humano como valor y preocupación central del accionar de las personas. No se queda en la teoría, el discurso o las buenas intenciones; es promotor activo del accionar ético para que ningún interés particular esté por encima del interés colectivo que abraza la Comunidad de Propósito; permitiendo a la vez, la alineación asertiva de los intereses personales relacionados directa o indirectamente con el quehacer organizacional, para potenciar la posibilidad de Ser, de quienes conforman la organización y tienen aspiraciones particulares legítimas, éticas y naturalmente humanas.
  • Reconocer la diversidad en las personas y las organizaciones, así como en la sociedad en su conjunto; una diversidad basada en la naturaleza humana. Por lo que es feroz creyente de la igualdad, la inclusión, la justicia y la equidad, como cimientos necesarios para la convivencia y la complementariedad de las personas, y su capacidad de generar relaciones poderosas, que se reflejen en la creación de entornos de bienandanza en los que los derechos y los compromisos sean una realidad palpable y las oportunidades se abran para todos.
  • Saber el valor de la cultura y propiciar la existencia de climas laborales basados en el bienestar común, que sustentan una cultura organizacional que induce a la existencia de Lugares de Potencial Realizado hacia el interior y el exterior de las organizaciones. En este contexto, hace del Liderazgo la piedra angular para alcanzar la convivencia armónica en espacios éticos, la transformación profunda de los paradigmas “maestros” (superiores) del accionar humano, así como la transformación del Ser, de sus seguidores y de él mismo. Reflejándose todo lo anterior en el respeto irrestricto de la multiplicidad, en el evitar activo de la discriminación, en el impulso comprometido con la superación personal permanente, así como en el involucramiento apasionado en la evolución de la organización, su propia cultura y el liderazgo que le mueve, le dirige, le ocupa y le da sentido.
  • Impulsar, activa y cotidianamente, la transformación organizacional, promoviendo una filosofía y una práctica propias de una organización abierta al aprendizaje, generando el soporte y el impulso para la operación y evolución constante de los principios rectores, las teorías, métodos y herramientas, y la infraestructura organizacional en su conjunto, creando y manteniendo espacios humanistas (lugares) de potencial realizado como condición sine qua non del éxito organizacional.
  • Vivir como un convencido defensor activo de la libertad de ideas y creencias, de la convivencia armónica de las verdades múltiples y mutables, y de la capacidad generativa del lenguaje. Desde este contexto, siempre impulsa apasionadamente la superación, el crecimiento y el desarrollo de las personas, como posibilidades únicas para la evolución de la organización misma y de la propia humanidad en su conjunto.
  • Repudiar y rechazar todo tipo de violencia, como posible solución del conflicto o como imposición de los unos sobre los otros. Por ello, se proclama apóstol ferviente y responsable en favor del Ser que cada persona contiene en sí misma y en su mejor expresión activa dentro de su contexto (espacio vital de influencia). Es creyente irrestricto de las capacidades humanas éticas, colaborativas y solidarias, capaces de trasformar las comunidades y a la sociedad en su conjunto, desde la paz, la armonía y la espiritualidad que nos acercan y hacen asequible la realización, la plenitud y la felicidad, en lo individual y en lo colectivo.
El Líder forjador de Destinos no se conforma con dirigir los grandes propósitos de los grupos de los que forma parte. En su Apertura, sabe y acepta que sus principales anhelos de trascendencia son el apoyar a las personas en su crecimiento y desarrollo, y forjar líderes que sean capaces y asertivos en el formar, dirigir y acompañar a otros líderes en servicio activo a favor de la humanidad (Líderes de Líderes). Así mismo, se asume aprendiz practicante, diligente y apasionado, como Apóstol que es en la evolución y transformación constante, permanente e innovadora, del Liderazgo forjador de Destinos.
En conclusión, el Líder forjador de Destinos, vive en la convicción de que su Liderazgo Abierto, es el que le permite ser coherente, comprometido, inspiración y ejemplo; es lo que marca su responsabilidad con estas, sus funciones trascendentes, y lo que verdaderamente le permitirá distinguirse como referente forjador de destinos, y no como simple buscador de sabiduría, dirigente eficiente del esfuerzo humano y perseguidor entusiasta de resultados, en el mejor de los casos.

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