La Responsabilidad y los Lugares de Potencial Realizado


Hace ya muchos años, tantos que no recuerdo ahora muchas cosas, leí un libro fundamental para mí en aquel momento, que trataba seguramente sobre la calidad y el enfoque al cliente, ya que eran los temas de estudio, de dedicación en ese entonces. Y ahí se incorporó en mí hacer consciencia el término “Lugares de Potencial Realizado”. Término que en lo personal he utilizado recurrentemente como condición fundamental en las Organizaciones Inteligentes; incluso me atrevería yo a decir que como consecuencia lógica, si es que esta expresión aplica.

Y sin embargo, aunque vagamente recuerdo incluso algunos otros pasajes de la posible publicación. No obstante que recientemente de nuevo he revisado mis libros que atesoro, para ubicar el que busco; que para mí tiene un especial significado por el recordar qué es lo que entiende el autor original de término, ya que la expresión original para mí sería fundamental para ser contrastada con lo que yo he ido construyendo con el pasar del tiempo, alrededor de este título. La realidad es que lo que yo recuerdo es el provocador vocablo, la expresión inspiradora, que incita a la acción: “Lugares de Potencial Realizado”, pero nada más. Así que, mi más grande reconocimiento a quien haya construido el término y el mayor de mis respetos por inspirar su uso en mí decir. Creo que es un término indispensable en mi pretensión presente y prometo seguir investigando hasta dar con quien lo forjó.

Así que, mientras tanto, empecemos a situar el tema desde donde yo lo comprendo…

Siendo un “Lugar” una porción del espacio, real o imaginada, en que se sitúa algo. Entendiéndolo también como la situación o posición, real o figurada, que corresponde a una persona por su función, importancia o estado. Me atrevo a decir que un LUGAR, en relación con el ser humano y su correlación con las organizaciones que crea, es aquel que puede explicarse como el espacio en el que cada ser humano coloca su posibilidad de existencia, desde su propio interior y en el contexto en que habita. Y es desde aquí que interactúa cotidianamente con los demás seres humanos que le rodean, con los que se conecta día a día y con quien construye relaciones sólidas.

Lugar, es aquel espacio, real o imaginario, desde el que una persona (o entidad) se coloca para ser el Ser que es, decir aquello que dice y hacer lo que hace, en su aspiración y congruencia hacia la consecución del propósito que le da sentido a su “vivir” y se refleja, como consecuencia lógica, en su capacidad de logro (su “tener” en la vida).

Así mismo, desde mi entender que el “Potencial” es aquello que no es, no se manifiesta o no existe, pero que tiene la posibilidad de ser, manifestarse o existir en un futuro... Aquella fuerza o poder del que se dispone para lograr un fin. Y ya edificando desde mi percepción de lo que concibo por Lugar en el contexto social del ser humano, así como más concretamente en el espacio organizacional, es que me atrevo a creer y decir que:

El Potencial de las personas es aquello que son capaces de “hacer”, tanto desde su propia naturaleza humana, como de aquella marca que deja en ellos el aprendizaje, pero que viviendo en el “Ser” que son, no se ha incorporado aún en su “hacer”, y por lo tanto, no ha impactado su capacidad real de “tener”. Es aquello que está en su voluntad, pero no ha transitado hacia su actuar, no se ha transformado en acción, y mucho menos en resultado.

Por otra parte, en el contexto social y organizacional, es aquello que para la entidad en su conjunto (comunidad, organización, institución, empresa, grupo, etc.), no ha sido aún, no se ha manifestado en el día a día, no se puede considerar que existe desde la experiencia; pero que está ahí, al alcance del conjunto humano, por su propia naturaleza colectiva y su capacidad de aprendizaje en equipo, en “comunidad”. Es el “Ser Constituido” de aquel ente colectivo, que impulsa su “hacer” (su razón, sentido y visión), para traducirse en posibilidad, propósito, destino. Mismo que, parafraseando a Peter Senge, les dicta su principio generativo (aquel orden implícito que les antecede) y les permite ampliar la conciencia y sensibilidad de ellos mismos, de su entorno y del mundo en su conjunto; transformando sus actitudes y creencias, que trascienden en el impulso de nuevas y fortalecidas aptitudes y capacidades. Construyendo la sinergia que surge de la diversidad y la complementariedad humana, en un círculo virtuoso que llama a lo infinito, y desde un conjunto abierto, asertivo, holístico,  solidario, incluyente e incremental; que consolida y mantiene aquel cambio duradero que surge del aprendizaje profundo, y que otorga al ente la capacidad real de alcanzar, conservar y superar logros extraordinarios, en un ciclo imperecedero.

Por último, la “Realización”, entendida como la ejecución de una acción o de una obra; obra importante, relevante, apreciable, realizada por alguien. Capacidad de conversión de un proyecto, una aspiración o un deseo, en realidad. Logro efectivo de las aspiraciones o los objetivos vitales de una persona, y satisfacción y orgullo que siente por ello.

Ya en el campo de mi entender, la Realización, en mucho, responde a mi posibilidad de ser el Ser que anhelo ser. Aquel referente que establezco para valorar mi paso por la vida, mi estancia activa en el mundo. Yo creo que en mucho la respuesta a la pregunta ¿para qué hago lo que hago y para qué digo lo que digo?, está íntimamente ligada a la “realización”, ya que hago y digo en la congruencia de la alineación de mi acción y expresión lingüística, con aquello que se constituye en mi obra personal que le da razón y sentido a mi vida. Es la relación de valor conmigo mismo que me incita a luchar todos los días por Ser y Mantenerme Siendo, el ser humano que está en mi aspiración de vida y trascendencia. La Realización tiene que ver con la posibilidad de la persona de transitar por la vida con liviandad, con visión y compromiso firme de Ser Feliz; de saber lo que se quiere y de luchar por alcanzarlo. Y dado que la felicidad es un estado continuo de ánimo, más que una meta a lograr, la Realización tiene que ver más con el camino que con el logro al final del recorrido. La Realización es subjetiva, pertenece al mundo del Ser, sin que por ello no tenga un reflejo, un impacto, en la vida real, en el Hacer y en el Tener, consecuencia lógica de aquel Ser; ya que un Ser Realizado es el que le ha dado el mejor sentido posible al hacer y tener en la vida, desde la mejor versión de él mismo.

Lo anterior, traducido al campo organizacional y social, nos lleva al mundo de los entes colectivos, de las creaciones de los seres humanos para poder vivir, accionar y lograr juntos, en comunidades, de forma asociada, de manera orgánica y ecológica, solidaria y mucho más humana. En este contexto, la Realización también adquiere una distinción colectiva. Así, la realización colectiva está más en el campo de la cultura que en cualquier otro. Si bien el clima organizacional, colectivo, es de fundamental importancia para el “buen vivir” de las personas en comunidad, considero que es más efímero, más temporal, más inconstante, más cambiante y mucho más matizado por lo personal, por lo individual, por lo particular de lo humano. Por otra parte, el liderazgo también tiene su gran importancia en el accionar colectivo. El liderazgo es lo que da camino y sentido al accionar, al vivir colectivo y solidario mismo, ya sea que se trate del auto-liderazgo que del liderar de grupos de personas.

Sin embargo, si la Realización Colectiva tiene que ver con la ejecución complementaria, coordinada, solidaria y sustentada en principios y valores, de un grupo de personas persiguiendo un propósito común, transformándose en una comunidad de propósito, convirtiéndose en un conjunto de seres humanos cuya obra colectiva es más extraordinaria, que lo que es la expresión individual de las obras personales juntas, incluso que de la grandeza de la mejor de ellas; su relevancia no puede ser considerada como particular de alguien, sino que responde al anonimato de lo colectivo, a la firma del ente social como integrador y fundidor del esfuerzo individual que lleva implícito. Así, el proyecto, la aspiración, el deseo o los objetivos vitales que sustentan al ente, no son únicos ni impuestos, son acordados en la libertad de Ser Grupo y del Pertenecer a Él. Y, en consecuencia, la satisfacción y el orgullo son sentimientos colectivos indisolubles y plenamente compartidos por todos, que viven en la mente única y en el sentir asociado del ente constituido, de la organización, del grupo social, de la comunidad en su conjunto; reflejándose coherentemente en su hacer para alcanzar, para ser posibilidad, para lograr resultados concretos.

Es desde esta mirada que podemos construir, entender y apreciar el significar de un Lugar de Potencial Realizado, como aquel espacio compartido en el que los seres humanos alcanzan la plenitud y la felicidad a la que aspiran como el ente colectivo que son, por haberse constituido en él y perseguir su propósito generativo. Sitios en los que la expresión indivisible del potencial colectivo se aprecia, se hace visible, objetivo, principalmente en su hacer, en su accionar cotidiano, en su cultura, y por supuesto, en los resultados anhelados en conjunto y en la satisfacción fusionada, unida, “social”, que estos provocan.

Es decir, aquel espacio del operar humano en el que las potencialidades del grupo se convierten día a día en experiencias exitosas, extraordinarias, a través de la sinergia que provoca el hacer en comunidad, en colaboración y solidaridad; sustentado en valores y principios compartidos.

Firme creyente que soy de que la vida en comunidad debe sustentarse en los valores que libremente y con convicción profesa el conglomerado, es que me atrevo a decir que la convivencia orgánica y ecológica que impulsa el éxito en las comunidades pro propósito, así como su cohesión y mantenimiento en el tiempo, está firmemente determinada por la observancia irrestricta y la certeza en la importancia de seguir tres grandes principios generativos, forjadores de destino: el Respeto, la Confianza y el Compromiso; los que les proveerán de la guía que requieren para atravesar el camino en la construcción de cada destino pretendido.

Estos principios son como el centro impulsor y expansor del Ser, Hacer y Tener en el ente colectivo de que se trate (grupo, organización, institución, empresa, comunidad, grupo social, etc.). Pero también actúan como amalgamador del esfuerzo humano a partir de estos tres mismos dominios, hacia el interior de ellos mismos y en favor de su propia cultura. Me explico:

Siendo el respeto la consideración de que alguien tiene un valor por sí mismo, un valor que lo hace importante, diverso, único. Un valor que lo “distingue” y lo hace “digno” de nuestra atención y buen trato. En el dominio del Ser, el respeto mutuo es vital para alcanzar la conjunción necesaria en el trabajo en equipo.

Seres que se respetan son seres a los que se les facilita la complementariedad, la empatía y la solidaridad, ya que esa mejor versión de ellos mismos se conjuga a través del propósito común. Esta expresión nos deja ver como el Respeto vive en el dominio del Ser, pero atraviesa por los dominios del Hacer y el Tener, impactándolos, condicionándolos, dejándoles su marca.

La reciprocidad instalada en el Respeto, se extiende y entrelaza entre todos los miembros del grupo, formando y soportando círculos virtuosas que surgen y desaparecen en la dinámica del trabajo diario, constituyéndose en la base cultural que en el dominio del Ser, distingue a todo el grupo, desde su integración como comunidad, coadyuvando a que los espacios en los que interactúan cotidianamente se transformen en Lugares de Potencial Realizado, en los que todos y cada uno de los integrantes se respetan entre sí; a la vez que, paralelamente y en lo personal, se respetan a sí mismos.

Ya en el dominio del Hacer, es la confianza lo que se constituye en el “centro” de este dominio. La colaboración, la empatía y la solidaridad, se expresan mejor en ambientes en los que reina la confianza, en donde unos y otros confían tanto en sí mismos como en el “otro”.

El principio de Confianza surge de la capacidad de las personas que integran el colectivo, de creer en ellos mismos, tanto en lo individual como en razón del conjunto constituido; de saberse y sentirse capaces y apasionados para forjar los destinos que decidan pretender, como parte de la historia por la que serán reconocidos, identificados, distinguidos. Igualmente, dando paso con ello a esa posibilidad de impulso, de expandirse, hacia lo extraordinario; mientras, paralelamente, se amalgama hacia su interior, hacia la unidad intrínseca del ente en que se ha constituido, incluyendo en ello a todos y cada uno de sus miembros, de las personas que son.

Así, el impulso, la expansión y el amalgamar, como centro generativo de la entidad, en el dominio del Hacer, responden a la Confianza, en la misma razón y sentido que en el dominio del Ser responden al Respeto. Y ambos transcurren por la certeza de poseer posibilidades reales de servir en la forja, en la construcción, del destino o los destinos pretendidos.

El último principio central es el Compromiso, entendido como el compromiso que asumen todos y cada uno de los miembros del conglomerado, del ente en cuestión, en pro del propósito común, de la creación de posibilidad hacia un destino pretendido por todos.

El principio de Compromiso es esa implicación al máximo en una labor, que voluntariamente y con plena convicción, el conjunto de personas asumen en unión, en razón de la entidad, del grupo, poniendo todas sus capacidades y actitudes comprometidas en sinergia, para coadyuvar a alcanzar el propósito encomienda, y aportando su esfuerzo, cada quien y todos juntos, al servicio de la colectividad, en una posición de complementariedad, empatía y solidaridad.

Compromiso es el potenciar la acción conjunta a través del ejemplo activo de líderes y seguidores, desde la congruencia de las conversaciones cotidianas con el discurso de afinidad y entrega por la Misión y Visión de la Organización. Es demostrar en los hechos, en las acciones, lo que sus palabras pregonan, lo que sus principios y valores promueven.

Así entonces, el Compromiso “habita” en el centro del Tener, desde donde impulsa y expande hasta lo extraordinario, la capacidad de logro de la entidad en su conjunto. Como ya hemos establecido para los otros dos dominios, paralelamente, este dominio del Tener, se amalgama hacia su interior a través del Compromiso, condición sine qua non para alcanzar la unidad intrínseca en el ente constituido.

Más allá de la importancia que para la comunidad (el grupo, la organización) tiene su Visión y su Misión, es el Compromiso con el propósito generativo de la entidad de que se trate, lo que maximizará sus posibilidades de éxito, lo que les permitirá forjar destino. Es el Compromiso consolidado lo que generará y soportará los ya mencionados círculos virtuosos que surgen y desaparecen en la dinámica del trabajo diario, a nivel del logro, de los resultados, coadyuvando a constituirse en la base cultural de la entidad, desde el dominio del Tener. Es lo que fundamentará la transformación de los espacios de acción conjunta, en Lugares de Potencial Realizado.

Y es así que cambiamos el paradigma del Hacer para Tener (desde el cual la solidaridad no es posible), por aquel del Hacer enfocado en el Ser, en el que se alcanza el desarrollo del potencial íntegro y asociado de cada persona, en una interdependencia real de aprendizaje pleno, propio y característico de los Lugares de Potencial Realizado, en los que la satisfacción y la plenitud personal y colectiva, abogan por la felicidad y la realización del conglomerado humano en pleno.

Por tanto, en este nuevo paradigma, el Tener es la consecuencia (y no el centro) del Ser que se es y del Hacer congruente que le ocupa. Lo que rompe enérgicamente con el paradigma tradicional en el que el Tener lo es todo; tanto que yo soy en razón de lo que tengo, o que “el fin justifica los medios” para alcanzar lo que quiero.

En palabras de Alberto Beuchot (Coach mexicano renombrado internacionalmente), la dignidad humana radica no en lo que alcanzamos o logramos, sino en lo que somos. Ser es ser en potencia. Estar sin hacer no disminuye ni un ápice la esencia última del ser, que para manifestarse requiere del hacer. El ser humano no deja de ser por no hacer, pero eso no implica que el hacer no esté en su naturaleza. Se hace para acabar siendo lo que potencialmente se es.

Así que podríamos resumir que un Lugar de Potencial Realizado es aquel en el que en forma dinámica, consolidada, cotidiana, holística, incluyente, incremental, creativa, innovadora y permanente, se tiene (se logra, se alcanza) aquello que resulta de la congruencia del Hacer Colectivo (comunidad pro propósito compartido), y se hace por acabar siendo el Ser que potencialmente se es, en lo individual (como persona) y principalmente como entidad constituida.

A partir del anterior contexto es que busco situar la Responsabilidad en las organizaciones. Y este nuevo valor (nuevo en mi narración presente), desde la Ética (y quizá desde la base de la moral), está en la conciencia de cada persona que integra la organización, y se caracteriza porque cada quien y de forma consolidada, tiene la virtud no solo de tomar una serie de decisiones de manera consciente, sino también de asumir las consecuencias que tengan las citadas decisiones y de responder de las mismas ante quien corresponda en cada momento.

Es en la Responsabilidad, ya puesta en práctica, que se establece la magnitud de las acciones originadas de las decisiones tomadas conscientemente, y el cómo afrontar sus consecuencias de la manera más positiva para el grupo y de forma integral para ayudar a la creación de futuro, a la construcción de destino, a la forja de un destino común preconcebido.

Es la Responsabilidad la que rompe con el principio del destino manifiesto, predeterminado, reconociendo la capacidad de libre albedrío en cada ser humano. Ya que lo que sucede depende más de nuestro cotidiano decidir, que de determinaciones divinas preconcebidas, es que la responsabilidad es esencial (según Nietzsche) en el ser humano, ya que lo hace concebir, libre y conscientemente, sus actos posibles y hacerse cargo de su ejecución y de las consecuencias que esto arroje para él y su entorno.

Según la tradición kantiana, la Responsabilidad es una virtud social que se configura bajo la forma de un imperativo que permite obrar de tal modo que los efectos de nuestra acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra.

Así, la Responsabilidad se asume desde el Ser que uno es, desde el Hacer de nuestro accionar, y desde el Tener, consecuencia lógica de nuestro Ser y su Hacer comprometido.

Es el cumplimiento responsable en nuestra labor humana el que hace diferencia, el que rompe el paradigma de la casualidad o la predeterminación, y coloca en nuestras manos la posibilidad de forjar destinos, y el asumir las consecuencias que de ésta forja se desprendan.

Por tanto, las siguientes ideas podrían ser impulsoras del ánimo colectivo que se requiere en las organizaciones para construir, alcanzar y mantener Lugares de Potencial Realizado:

·         Es la Responsabilidad que sustenta el respeto, la confianza y el compromiso hacia el interior y el exterior del ente constituido, la que impactará siempre y directamente en el rendimiento individual y colectivo, propiciará el buen uso y el rendimiento de los recursos disponibles y garantizará la rendición de cuentas.

·         Es la Actitud Responsable la que permite reconocer el “para qué” de la actuación colectiva y responder a las inquietudes personales, organizacionales y sociales implícitas.

·         Es la Valuación y la Validación Responsable lo que permitirá dar seguimiento oportuno, de manera consciente y asertiva, a aciertos, limitaciones y anomalías que en el transcurso del camino se presenten, de manera voluntaria o involuntaria, para realinearlas rápido y económicamente al propósito pretendido, aprendiendo de todo ello.

·         Es la Responsabilidad Espontánea e Inconsciente, la consecuencia lógica de una cultura sólida, principios firmes y rumbo concreto, que permite la toma de decisiones asertivas en éste, nuestro Mundo en Tiempo Real (Jim Selman).

·         Es la Responsabilidad en el Ser, lo que nos hace conscientes de que somos, individual y colectivamente, los creadores de nuestros pensamientos, de su expresión y difusión lingüística, de su transformación en realidad; por lo que, por tanto, somos responsables de lo que pensamos y de sus consecuencias ineludibles.

·         Es la Responsabilidad en el Hacer, la que impulsará la existencia de mejores y más saludables prácticas, principios y valores observados día a día, y mayor cuidado en el uso de los recursos de cualquier tipo, lo que redundará positivamente en el forjar destino.

·         Es la Responsabilidad en el Tener, la que nos permite asumir con prestancia las consecuencias que se originen de nuestras obras, omisiones, expresiones, emociones y resultados, tanto en el entorno personal como en el colectivo, tanto a nivel individual, organizacional y social; en la construcción de destinos y mientras transitamos por la vida.

·         Es la Responsabilidad en el Liderazgo, la que permite al Líder fomentar con el ejemplo, con su discurso de afinidad y entrega, con su capacidad inspiracional y con su congruencia en su accionar, para forjar en los hechos, los destinos que sus palabras pregonan.

Es por tanto la Responsabilidad, el hilo con el que se teje cotidianamente la capacidad de Ser, Hacer y Tener, a partir del Respeto, la Confianza y el Compromiso, como posibilidad sine qua non de constituir Organizaciones Inteligentes que alberguen Lugares de Potencial Realizado.


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