Propósito y Potencial Realizado
Propósito y Potencial
Realizado.
Dos términos centrales en mi proyecto de humanización de las organizaciones son el Propósito, que es aquel que le da sentido al Ser Comunidad, y el Potencial Realizado, que se constituye en la base necesaria para que los espacios de trabajo realmente abonen al bienestar común, a la realización de los seres humanos y al engrandecimiento de la humanidad en su conjunto.
Caminando por la vida y los espacios del Liderazgo me he tropezado con la posibilidad de expresar el “para qué” una organización tradicional debiera convertirse en una “Comunidad de Propósito”, y los espacios de trabajo que en ella habitan debieran transformarse en verdaderos “Lugares de Potencial Realizado”. Y la parte central en todo ello es el “Propósito Compartido” y la aparición del “Potencial Realizado”, dos temas que me inspiran y de los cuales pretendo hacerme cargo en esta provocación de conversación con todo aquel que se tome un tiempo para leer este ensayo.
En la construcción del Propósito, el Marco Ético Colectivo es mucho más que un conjunto de valores que pueden favorecer de manera directa la realización de las funciones propias del grupo, por lo que van más allá de la construcción de un ambiente de trabajo, encargándose de sustentar la cultura y el liderazgo dentro de la comunidad. Los valores acompañan al dar forma y sentido a la aspiración humana que se transforma en Propósito, garantizando su sustentabilidad ya que representan esa “Mejor Expresión” del Ser Colectivo que constituye el Alma de la Comunidad. Son mucho más que la identificación y declaración de aquello que cimenta la práctica ideal a ser observada por todos, para convertirse en el fundamento del “forjar destino” que consolida a la comunidad como un ente humano vivo y generoso que persigue, en su conceptualización más amplia, el bien común; la evolución y la superación, para bien de la humanidad en su conjunto.
Dos términos centrales en mi proyecto de humanización de las organizaciones son el Propósito, que es aquel que le da sentido al Ser Comunidad, y el Potencial Realizado, que se constituye en la base necesaria para que los espacios de trabajo realmente abonen al bienestar común, a la realización de los seres humanos y al engrandecimiento de la humanidad en su conjunto.
Caminando por la vida y los espacios del Liderazgo me he tropezado con la posibilidad de expresar el “para qué” una organización tradicional debiera convertirse en una “Comunidad de Propósito”, y los espacios de trabajo que en ella habitan debieran transformarse en verdaderos “Lugares de Potencial Realizado”. Y la parte central en todo ello es el “Propósito Compartido” y la aparición del “Potencial Realizado”, dos temas que me inspiran y de los cuales pretendo hacerme cargo en esta provocación de conversación con todo aquel que se tome un tiempo para leer este ensayo.
Quizás se pudiera pensar que es
una posición ingenua, que se trata de una ilusión o incluso de una fantasía
deseable (pues posiblemente ni siquiera “deseada”); pero yo creo que es el
asomarse de un futuro que cada vez está más en el presente, que hoy habita más
entre nosotros. Hay muchas organizaciones que, a su manera, ya aplican los
principios que encierran los términos planteados, por lo que me atrevo a
insistir en que estamos en el advenimiento de este cambio de paradigma, el cual
habrá de darse, con o sin nosotros, por su propia inercia y la universal
necesidad de fortalecer e impulsar la naturaleza humana en un mundo mejor.
Un buen punto de partida es dejar
establecido que el Propósito es más
o menos a la Comunidad, lo que la Visión,
la Misión y los Valores son en conjunto, a la Organización
de fines del Siglo XX. Sin embargo, es necesario dejar establecidas
diferencias básicas y nuevos conceptos que constituyen el espíritu de este umbral,
el Propósito.
Desde mi punto de vista, el Propósito es la evolución consecuente
de aquellas Ideas Rectoras que se
constituyen en el vértice de unión de ellas mismas, con las Teorías, Métodos y Herramientas y las Innovaciones en la Infraestructura, en
aquella Arquitectura Organizacional
de Peter Senge (La Quinta Disciplina). Es más, en mi concepto, es el Propósito lo que le da sentido al Aprendizaje Profundo, base de las Organizaciones Inteligentes conceptualizadas
por este mismo autor. El Propósito nace del Orden
Implícito que marca el punto de partida de la vida organizacional y es la
representación conceptual del Sentido
Generativo que hace a la Organización:
Comunidad (mucho más social, ética y
encaminada al bien común). Por último, donde más se aprecia la evolución que
atañe a las Organizaciones Inteligentes
es en los Resultados con los que
culmina el esquema, ya que el Propósito
está íntimamente relacionado con el Ser
Colectivo que quiere “ser” esa Comunidad,
más allá de los resultados objetivos que pueda obtener con ello. Así, el Propósito impulsa el Ser en que se asume la Comunidad en su conjunto, mismo que
determina, alinea, enfoca y dirige el Hacer
que le es organizacionalmente generativo y el Tener (Resultados), consecuencia ética y social de esa particular
forma de Ser y de Hacer en Comunidad.
Un buen principio, pero es
necesario seguir adelante. Para los que conocemos de Coaching, es muy familiar
decir que el apoyo que brindamos a nuestros Coachees principalmente está
enfocado a que se descubran como la Posibilidad
que son. Es decir, que identifiquen, utilicen y fortalezcan capacidades,
habilidades y competencias en ellos, que previamente no sabían que tenían o que
consideraban poco les ayudaban para lo que deseaban o querían hacer. Es así que
lo que se persigue es que se aprecien como Posibilidad,
como capaces de alcanzar sus anhelos, de transformar sus sueños en realidades
positivas para ellos mismos. Así, es el Propósito
lo que le da consciencia y sentido a la Comunidad
para saberse Posibilidad, para sentirse capaz de forjar su propio destino,
de construir el futuro colectivo que desea para ese conglomerado humano que la
conforma y para la humanidad en su conjunto.
Y empiezo a definir el Propósito
desde las conceptualizaciones más generales y aceptadas. Desde esa mirada, el
propósito es la determinación firme que tienen los seres humanos de hacer algo.
Es la intención o el ánimo de hacer o dejar de hacer algo. Pero también se
entiende por propósito aquel objetivo que se pretende alcanzar. Es algo que se
quiere conseguir y que requiere de esfuerzo y de ciertos sacrificios. Y en un
nivel más profundo y trascendental, el propósito de un ser humano, es el sentido que otorga a su vida.
El Propósito es ese potenciador del “alma” institucional que le
permite a la comunidad constituirse como una entidad forjadora de destino,
capaz de romper el paradigma del futuro incierto y entenderse como posibilidad,
posibilidad infinita nacida de su naturaleza humana, fundamentada en el
esfuerzo y el trabajo, y sustentable en su enfoque social y los valores que
profesa.
Si la Visión Organizacional define lo que la organización quiere lograr
en el futuro, es lo que aspira a ser; el Propósito es aquello que le confiere
origen a la Comunidad en la que se ha
transformado la organización. Aún más, representa lo supremo que habita en el
interior de ese ente humano y da sentido a la aspiración de futuro colectivo
que los compromete, los guía, los alienta y los contiene para que siempre estén
enfocados en lo pretendido, sin distracciones o extravíos.
Así, el Propósito encierra el
pasado generativo de la comunidad, pero también comprende su presente activo y
el anhelo común por un futuro compartido que puede construirse, forjarse en
destino, ser resultado de su capacidad transformacional y su posibilidad de
trascender.
Ahora bien, comprendiendo por Misión Organizacional aquella
declaración que corresponde a la razón de ser de la organización, que se instituye
en el resumen de todos sus valores, objetivos e intenciones, constituyéndose en
la identificación de la idea de negocio en la que se actúa (Hacer) y se logra (Resultados).
Cabe señalarse el hecho de que esta declaración generalmente es definida por
los fundadores e impuesta desde la alta dirección. En contraste, el Propósito es lo que transforma a todos y
cada uno de los miembros de la comunidad en militantes del sueño corporativo. Los
constituye en co-creadores de un performance
cotidiano que los identifica, los arraiga, los amalgama y los une, más allá de
sus diferencias y aspiraciones personales y sin renunciar a ellas. El Propósito de la Comunidad permite a los seres humanos que la integran, accionar en
tiempo real sin perder el enfoque en la pretensión de futuro que les es común.
Y es en este describir del
propósito donde nos acercamos al aprendizaje profundo, que distingue a las
organizaciones inteligentes y que se compone en primer lugar por la capacidad
colectiva de la comunidad de
enfrentar de manera profunda su necesidad permanente de cambio, fuente sine qua non del aprendizaje, que no sólo distingue
a la organización sino que le da posibilidad de ser, convirtiéndose en el alma
de la propia comunidad. Así, cuando el aprendizaje se torna indisoluble y
amalgamador no sólo del esfuerzo humano, sino de su propia naturaleza práctica,
es que nos acercamos afanosamente al potencial
realizado (acompañante activo del propósito colectivo).
Y es en el arranque de la
consciencia colectiva donde iniciamos el ciclo virtuoso que sustenta la
posibilidad de construir sentido común y, con ello, posibilidad de aparecer
para el Ser Colectivo que constituye
el alma de la comunidad en su conjunto. Como dice Peter Senge, es esta
posibilidad de generar consciencia y sensibilidad lo que impulsa en el ser
humano colectivo el anhelo de evolucionar y transformarse cotidianamente. Y es
ahí donde aparece el liderazgo que habrá de guiar estos anhelos y los alineará
a una realidad de ser posibilidad, en
la realización humana y la plenitud colectiva, que supera la ambición por el
resultado o por alcanzar el éxito.
Es en ese principio generativo
(sistémico, dinámico, holístico e incluyente), que nace, crece y trasciende la
cultura organizacional sustentada en las actitudes
y creencias que se hacen generales,
que se transforman en hábitos y buenas prácticas, observadas y apoyadas por
todos los integrantes de la comunidad, desde su personaje y su rol que le toca
a cada quien poner en acción, al servicio de los demás, en la tarea cotidiana
de generar comunidad.
Y luego, en el accionar en tiempo
real, en la vorágine que significa la evolución del cambio duradero hacia la
conceptualización y práctica del cambio dinámico y permanente, al que estamos
más que acostumbrados en estos principios del Siglo XXI; es que encontramos los
fundamentos “inteligentes” de las aptitudes
y capacidades que se aprecian día a
día en el clima organizacional existente y en su dinámica creativa e
innovadora.
Y aunque parece que agotamos el
esquema impulsado por Peter Senge y que representa a las Organizaciones Inteligentes, apenas nos estamos adentrando en aquel
esquema que identifica el Alma de la
organización, desde los Dominios de
Congruencia de Alberto Beuchot (y colaboradores) y su filosofía del Ser, representada en su Modelo de Cambio
Personal y Organizacional, y que rompe el paradigma tradicional de “Hacer para
Tener”, sustentada en la, afortunadamente, superada idea de que el fin pudiera
justificar los medios para lograrlo.
Y ahí es donde adquiere valía el Marco Ético y el Enfoque Social que hace sustentable a la Comunidad de Propósito. En las primeras organizaciones
postmodernistas, junto a la Visión y a la Misión Organizacional, fueron
fundamentales los Valores declarados e instituidos. La observancia irrestricta de
dichos valores y su interpretación jerárquica, llegó a construir el sentido de
que eran estos valores (y no otras filosofías, ideas, personas o personajes)
los que deberían guiar y dirigir a la organización en su totalidad. Los valores
marcaron los límites que nos sostenían dentro del camino aspiracional y nos
permitían un actuar ético, necesario (quizá indispensable) para colocar, en lo
general, la presencia del poder al servicio de la sociedad, y al servicio de la
organización, sus clientes y sus miembros, en lo particular.
En las organizaciones de la
postmodernidad, los valores organizacionales son un elemento clave por los que
se rigen las personas que colaboran y trabajan juntas para poder obtener el
objetivo al que aspiran. Y aunque los valores organizacionales declarados son
tomados, muchas veces, como sentencias vanas que realmente no inciden en el
desempeño corporativo; es claro que cuando se asumen desde la convicción y no
desde la imposición, los valores compartidos constituyen el cimiento no sólo
para la existencia plena de la organización, sino para el perseguir activo del
bienestar común, dentro y fuera de ella.En la construcción del Propósito, el Marco Ético Colectivo es mucho más que un conjunto de valores que pueden favorecer de manera directa la realización de las funciones propias del grupo, por lo que van más allá de la construcción de un ambiente de trabajo, encargándose de sustentar la cultura y el liderazgo dentro de la comunidad. Los valores acompañan al dar forma y sentido a la aspiración humana que se transforma en Propósito, garantizando su sustentabilidad ya que representan esa “Mejor Expresión” del Ser Colectivo que constituye el Alma de la Comunidad. Son mucho más que la identificación y declaración de aquello que cimenta la práctica ideal a ser observada por todos, para convertirse en el fundamento del “forjar destino” que consolida a la comunidad como un ente humano vivo y generoso que persigue, en su conceptualización más amplia, el bien común; la evolución y la superación, para bien de la humanidad en su conjunto.
No es cuestión de conseguir y
superar logros, es la posibilidad de transformar permanentemente el Ser Colectivo, el Alma Comunitaria, desde la esperanza, el amor y el compromiso. Es
el Ser Posibilidad desde el trabajo
colaborativo, solidario e incluyente, que distingue a las Comunidades de Propósito,
y al Propósito mismo, como impulso
generativo de dichas Comunidades.
Por otra parte, una lectura
inversa del ciclo virtuoso de Cambio
Duradero de Peter Senge nos permite avanzar en la apreciación del potencial
realizado.
Mucho es lo que se ha dicho sobre
la bondad de los programas de capacitación y desarrollo de los trabajadores.
Hay organizaciones que apuestan grandes cantidades de dinero e ilusión al
invertir en este rubro, buscando que sus trabajadores se acerquen al ideal que
la organización cree necesitar de ellos. Y sin embargo, los resultados no son
tan relevantes como se esperaría y rápidamente pierden vigencia con el paso del
tiempo.
Es experiencia de todos nosotros
que después de asistir a una capacitación, en el mejor de los casos, nuestra
motivación se fortalece y queremos regresar al trabajo para iniciar a aplicar
lo aprendido. Sin embargo, pronto nos damos cuenta que se necesita más que
deseos para alcanzar un cambio profundo, que se requieren nuevos recursos, que
los demás ofrecen resistencia para cambiar, y pronto nuestra motivación va
decreciendo, hasta que aceptamos seguir como antes, seguir como siempre, y
dejamos nuestra capacitación en el cajón de los recuerdos.
Y claro que el entrenamiento
impulsa las habilidades y destrezas de los individuos, mejorando sus
competencias naturales y su experiencia, en el contacto cotidiano con el
trabajo, el puesto y la organización. Incluso también fortalece los rasgos de
personalidad ligados a las competencias que condicionan el comportamiento en el
trabajo.
La formación y la capacitación
continua perfeccionan las habilidades y destrezas del personal y fortalecen su
actitud ante el compromiso de pertenecer a un proyecto integrador. La capacitación
prepara para el trabajo, tanto en el presente como a futuro, siendo fundamental
como respuesta planeada y congruente con los resultados de la evaluación del
desempeño.
El entrenamiento, la capacitación
y la formación de las personas, se entremezclan en un solo sistema integral que
acerca el conocimiento a la organización y fortalece el talento humano. Este
sistema es la base del desempeño y el desarrollo de los miembros de la
organización y coadyuva, sin lugar a dudas, en la búsqueda del Objetivo Común
Colectivo, mientras que en un cierto nivel, genera satisfacción y bienestar.
Y sin embargo, poco tiene que ver
este sistema con la generación de “Lugares
de Potencial Realizado”. Está más que demostrado que todo este sistema
integral genera exclusivamente potencial
en los miembros de la comunidad. Sí, los hace más aptos para el trabajo. Pero
la verdadera expresión de ese potencial sigue siendo un asunto individual y
profundo, arraigado fuertemente en las creencias de la gente. Así, mucho de ese
potencial recién creado, se pierde y se desgasta al no ser utilizado.
Es por ello que en las Comunidades de Propósito se debe aspirar
a transformar cualquier espacio organizacional existente en un laboratorio vivo,
dinámico y permanente de aprendizaje, de conocimiento, de transformación y
trascendencia. Es por ello que se debe provocar y cultivar el aprendizaje
profundo que hace sustentable el cambio duradero. Es por ello que hay que ir
mucho más allá del sistema integral de entrenamiento, capacitación y formación
de personas (que muchas veces ni existe o funciona limitadamente en la mayoría
de las organizaciones).
La apertura al aprendizaje
comunitario debe materializarse en un verdadero cambio de paradigma, donde no
sea la imposición, la conveniencia y/o la obligación, lo que cimente los
esfuerzos por acercar el conocimiento.
Los Lugares de Potencial Realizado son espacios humanos, donde se busca
el conocimiento porque se tiene la convicción de que cada día hay que lograr
ser mejores; que hay que cultivar nuestro Ser
para que esté acorde a nuestra necesidad de satisfacción, realización y
felicidad.
Para danzar armónicamente al compás
que dictan los estilos de liderazgo, nuestra cultura comunitaria y el clima
laboral que nos acompaña propositivamente en nuestra cotidianidad, hay que
tener el conocimiento que la creatividad y la innovación nos requieren, y
cotidianamente transformarlo en el Capital
Intelectual que solidifica nuestra convivencia y nutre el accionar en Comunidad. Así, ese conjunto de información
y demás activos intangibles, que se van consolidando con el paso del tiempo
(contrario a la simple capacitación), llegan a constituirse en el tesoro más
preciado para la Comunidad.
Por tanto, no nos limitamos a
fortalecer las aptitudes y capacidades de los miembros del grupo,
trabajamos directamente en torno al Ser
que cada uno de ellos es y al Ser
Colectivo del que forman parte como miembros de su Comunidad. Se trabaja en los estados de ánimo individuales y
colectivos y en las emociones. En los pensamientos, expectativas, prejuicios y
demás ideas sobre las cosas. Y no nos olvidamos de incidir en los
condicionamientos, los puntos de vista, los paradigmas y los valores que
conforman el Observador en que cada
quien nos constituimos, la mirada particular desde la que interpretamos cada
uno nuestra realidad. Y no solo eso, ya que asumimos la interpretación y
conformación colectiva en cada uno de estos espacios, mismos que impulsan la
generación del Ser Colectivo, el Alma propia de la Comunidad.
Más allá de las acciones, las
formas de trabajar, y mucho más lejos del simple perfeccionar las capacidades
para producir resultados, nos ocupamos de las actitudes y las creencias
de los miembros de la comunidad para que asuman los dominios de congruencia que
son necesarios para alcanzar el propósito de aspiración común, la consolidación
en su integración comunitaria y el ser posibilidad ante la felicidad
(aspiración humana más elevada).
Es entonces que surge la
posibilidad de ser conscientes de
nuestras pretensiones y sensibles a
lo que la vida reclama de nosotros en el camino de construir nuestro futuro, de
forjar el destino de nuestra comunidad. Y de ahí, de nuevo a trabajar sobre las
actitudes y las aptitudes.
Por tanto, en este contexto, el
potencial se realiza, se expresa, se materializa en situaciones concretas, en objetivos
concretos. Las personas crecen y se desarrollan desde la convicción de que todo
debe surgir de su Ser, de su Alma y del Alma de su Comunidad. Se alinean las aspiraciones personales al Propósito
Colectivo, y uno a otro se ayudan para convertirse en realidad. Una realidad
que no les es impuesta, que no les resulta ajena, que les genera identidad y
les acerca a la felicidad, no como meta a alcanzar, sino como estado de ánimo
permanente, como forma de vivir en conjunto, como resurgimiento del Orden Implícito que como Comunidad
les resulta generativo, y que les permite ir más allá de los resultados,
persiguiendo su plenitud y su trascendencia.
En los Lugares de Potencial Realizado aparece el milagro de lo humano, de nuestra propia naturaleza, de nuestra forma
de Ser Posibilidad como seres humanos
que somos. Es base de las Organizaciones
Felices que se dispersan por el planeta, como posibilidad real de construir
un mejor mundo para todos. Según Beuchot, es nuestra Metanoia, nuestro superar la reforma, la revolución y la rebelión, para
que aparezca nuestra Resurrección como Comunidad de Propósito.
Roberto Arzate


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