La construcción de Relaciones Poderosas


La construcción de Relaciones Poderosas

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza y en consecuencia de nuestra cultura generativa. Por lo tanto, construir relaciones es nuestra forma no sólo de actuar, sino en general de vivir. El hombre, antes de poder considerarle un “ser racional”, tiene que ser considerado como un ser social cuyo punto de arranque son las emociones. Así es, las personas antes de llegar a razonar su actuar, responden desde la emoción que les invade en un momento determinado, y desde la experiencia que ha marcado su Ser.

Animal cultural que es el ser humano, responde a lo aprendido en su evolución y al cómo lo ha asimilado. Supera su transmisión genética pues, primero a través del lenguaje y luego a partir de la invención de la escritura, transmite sus conocimientos, sus experiencias, sus éxitos y sus fracasos (entre otros muchos), a través de sus obras y no solamente mediante sus genes. Y en ese transmitir también está su posibilidad de grandeza, ya que las nuevas generaciones encuentran siempre una base firme desde la cual impulsarse, no habiendo necesidad de partir de cero cada vez, cada nuevo intento, cada nueva lucha, cada nuevo esfuerzo.

Y todo esto constituye la plataforma de nuestra capacidad relacional. El hombre se ha distinguido no sólo en aceptar que en solitario siempre le será mucho más difícil alcanzar lo pretendido; que el individuo es rico en su posibilidad de identidad o en la diversidad que lo distingue, pero no es la mejor condición para afrontar los grandes retos que siempre formaran parte de una vida digna de ser vivida. Que en la búsqueda de ser posibilidad, de alcanzar un propósito superior, siempre el vivir y actuar en comunidad tendrá grandes ventajas en la consecución del éxito pretendido. Que la identidad y diversidad potencian e impulsan su capacidad creativa en la colaboración, la complementariedad, la solidaridad y la confianza, que le permiten actuar al ser humano en comunidad, dentro de unidad ética, en sinergia y con una visión compartida, bases fundamentales de la evolución humana.

Y en el cimiento de todo ello están nuestras relaciones. Las relaciones es lo que permite al ser humano acotar la distancia entre cada individuo, amalgamar la diversidad y enfocarla en algo determinado: un propósito, un anhelo, un sueño, una visión, una posibilidad de ser que aún no ha sido, la construcción de futuro, el forjar destinos.

Las relaciones nos permiten compartir aprendizaje, fortalecerlo en nuestra complementariedad, sustentarlo en nuestra solidaridad. Y en ello, las relaciones se van alimentando también a sí mismas, empoderándose e impulsando en “buen vivir” de las personas y nuestra capacidad de cuidar de nosotros mismos (desde el colectivo que somos) y del mundo que habitamos.

Pero va mucho más allá… las relaciones humanas son vida, sustentan nuestro existir. Analicemos algunas de las cosas más importantes de los seres humanos: quiero tener una familia, casarme, tener hijos, pertenecer a un grupo religioso, a un club deportivo,  ser parte de un despacho, tener mis padrinos de quince años, amigos sinceros, formar parte de la asociación de colonos de donde vivo, de un partido político, de una empresa importante; solamente por poner algunos ejemplos. Desde que nos despertamos, hasta que volvemos a dormir, nuestra vida se nos va en relacionarnos. Y hasta dormidos, que podría ser cuando mejor podemos relacionarnos con nosotros mismos (soñamos, tenemos pesadillas, meditamos, enfrentamos nuestros miedos, etc.).

Entonces, si las relaciones son tan relevantes para nosotros, por qué no darles mayor importancia. Por qué no tener plena consciencia de lo importante que es en nuestras vidas y buscar las mejores formas de cultivarlas permanentemente, en lugar de continuamente ponerlas en riesgo. Por qué no cuidar con esmero lo que sentimos o nos hacen sentir los otros, y aquello que sentimos en nuestra relación con nosotros mismos. Por qué no estar vigilantes de lo que pudiera generar, para bien o para mal, nuestra capacidad de crear realidades a través del lenguaje. Y así, cultivar nuestras relaciones desde nuestra capacidad narrativa y el diálogo asertivo con los demás.

Cultivar Relaciones Poderosas que nos permitan llevar una vida plena y feliz, nos llevará a construir vidas poderosas, cuya forja de destinos será condición sine qua non para sustentar el sentido de nuestra existencia. Estas relaciones serán la base para cimentar nuestra vida en lo individual y en lo colectivo, otorgándonos posibilidades reales de construir, de narrar, una historia de vida que nos brinde satisfacción y trascendencia.

En ello, hay que tener en cuenta que las vidas poderosas pertenecen a seres humanos que han asumido la responsabilidad de sí mismos y de las relaciones que articulan con otros. Son personas con claridad en lo que desean de la vida y dispuestas a asumir el costo que su toma de decisiones genere. Construyen futuro desde el presente, y disfrutan de este último desde la paz que arroja la valentía de responsabilizarnos y comprometernos con el construir sentido para nuestra vida, de forjar destino para nosotros y para otros, de escribir la mejor historia posible desde nuestro Ser.

Desde mi mirada, considero que las Relaciones Poderosas adquieren solides desde la observancia irrestricta de tres Principios Fundamentales: el Respeto, la Confianza y el Compromiso. Principios recíprocos que surgen de las relaciones humanas sanas enfocadas en propósitos de vida predeterminados. Principios fundamentales de los grupos sociales que se dan a la tarea de construir y mantener “Lugares de Potencial Realizado” mientras asumen el reto de hacer que sus sueños más significativos se constituyan en la ruta de vida que les identifique y distinga. Principios de observancia irrestricta para aquellas personas que se han responsabilizado de coadyuvar en la trasformación del Mundo para beneficio de la Humanidad, en el presente y en el futuro.

Así que,  el Respeto es la consideración de que alguien tiene un valor por sí mismo, un valor que lo hace importante, un valor que lo distingue y lo hace digno de nuestra atención y buen trato. El respeto es un principio que vive en la reciprocidad, se fortalece en su expansión dentro y fuera del grupo y adquiere posibilidades de trascendencia en el Liderazgo.

La Confianza es esa creencia en que una persona o grupo de ellas, será(n) capaz (ces) y deseará(n) actuar de la manera adecuada para alcanzar lo que se pretende. Es esa seguridad o esperanza firme que se tiene de alguien, incluyéndose uno mismo, que se presume cuenta con el ánimo y el vigor para realizar, para ponerse en acción. Este principio también vive y se fortalece en la reciprocidad, legitimándose permanentemente en la congruencia y trascendiendo en el desapego.

Aquí quizá valga la pena hacer una cita a propósito; de Stephen R. Covey: “La confianza es el adhesivo de la vida. Es el ingrediente esencial de la comunicación efectiva, y el principio fundacional que sostiene todas las relaciones humanas” (Covey, Stephen R. (2013:p134). La Sabiduría y el Legado. Editorial Grijalbo, México).

Así, la confianza es la plataforma generativa en la que se sustenta toda relación entre seres humanos. Sin confianza no es posible que surjan relaciones sanas y poderosas entre las personas. La confianza es la posibilidad de dar paz al alma mientras se vive con intensidad entre los otros.

El Compromiso es esa implicación al máximo en una labor que, voluntariamente y con convicción, cada persona asume en razón de sí misma, de su líder y de su grupo; enfocando en ello todas sus capacidades y sus mejores actitudes para coadyuvar al logro del propósito encomienda. Es colocarnos en la mejor expresión del Ser que somos, aportando nuestro esfuerzo al servicio de la colectividad, en una posición de complementariedad, solidaridad y sinergia.

Así, el Respeto permite que germine la Confianza entre los miembros de la “Comunidad de Propósito”, y es esta confianza la que sustenta el Compromiso de todos con ese, su propósito generativo. Porque nadie confiaría en aquel que no le respete, que no le reconozca el valor que como ser humano le pertenece, que no lo trate como es debido y se comunique asertivamente con él. Y es el poder construir ese “mundo”, ese entorno, en el que todos pueden confiar de los demás; lo que realmente amalgama el esfuerzo humano y provoca resultados extraordinarios.

Por tanto, la receta es así: una comunidad surge de la intención humana de luchar juntos por alcanzar un propósito compartido (Comunidad de Propósito), algo que en verdad es valioso para todos, que sin duda estaría fuera del alcance de ellos si actuaran individualmente, y que le otorga sentido a sus vidas. La convivencia cotidiana los amalgama, sustentado el trato en el Respeto recíproco e incremental, lo que va transformándose en una Confianza que surge espontanea, natural y muy sólida, ya que no es una concesión graciosa, sino la fusión de almas que aspiran a la transformación de su entorno para bien de todos. Y de ahí al Compromiso, como posibilidad sinérgica que les acerque a la grandeza de su propio Ser Colectivo, desde el cultivar el esplendor de su Ser, individual y diferenciado, pero no ajeno ni desarmonizado con aquel.

Y es dentro de ese Ser Colectivo que el Liderazgo surge impetuoso creando posibilidad… posibilidad en el Ser, que sin duda impactará el Hacer y el Tener, pero nunca colocando a estos últimos como fin, prioridad o peripecia única que encierra el valor de la vida misma; sino como simple consecuencia del Ser que hemos decidido ser, para darle el mejor sentido a nuestra existencia y consolidar nuestro trascender por el Mundo. Es así que el Liderazgo centra su quehacer en el convertir todo espacio que habite la Comunidad, en un “Lugar de Potencial Realizado”, donde los seres humanos puedan vivir en plenitud y felicidad cotidiana.

Parece simple, ingenuo o surgido de un sueño; pero no, es difícil pero posible, y eso es lo importante. Es posible. Sólo hacen falta los Líderes que asuman su rol con pasión y entrega al servicio de los demás, de la gente, de su entorno, de su pedazo de Mundo; que se sepan capaces de “Forjar Destinos” y trascender en nuevos y más poderosos (en el Ser) Líderes.
Roberto Arzate

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El Liderazgo y el Trabajo en Equipo

La Humildad y el Liderazgo, dos compañeros en el mismo andar...

Gestionándo mis emociones para potenciar el "Buen Vivir" en mí.