El Lidrazgo y la Tolerancia



El Liderazgo y la Tolerancia

Arranco el desarrollo del tema con una definición simple de Liderazgo…

Liderazgo (Auténtico). Estando en una situación idónea, dentro de un sistema equis, bajo condiciones favorables, el Líder tiene las cualidades, además del poder necesario, para perseguir objetivos valiosos por medio de otras personas, quienes motivadas por aquél, influidas por su trato, inspiradas por su personalidad, y facultadas por su autoridad, cooperan correctamente hasta lograr resultados útiles y trascendentes para ambas partes (Nelligan, Mauricio (1999: 27). Liderazgo Auténtico. EDAMEX, México.).

Esta definición muy práctica nos da luz de lo que el Liderazgo es en el todos los días de una organización. El Líder es un hacedor de resultados desde un colectivo.

Ahora bien, ¿qué entendemos por Tolerancia?

Tolerancia. Se refiere al respeto hacia las ideas, preferencias, formas de pensamiento o comportamientos de las demás personas. La palabra proviene del latín tolerantĭa, que significa «cualidad de quien puede aceptar» (Wikipedia, abril de 2019).

Así, la Tolerancia es aquella extraña cualidad de quien puede aceptar la posibilidad de la existencia de otro. Y se bien lo que digo, cuando subrayo “extraña cualidad”.

Ahora bien, si entendemos el Respeto como aquella consideración de que alguien tiene un valor por sí mismo, un valor que lo hace importante, un valor que lo distingue y lo hace digno de nuestra atención y buen trato; podríamos avanzar dejando sentado que la Tolerancia es algo que va más allá, ya que no sólo permite “ver al otro”, considerar que tiene un valor en sí mismo, sino que el respeto se alarga hasta la aceptación de sus ideas, preferencias, pensamientos, comportamientos y todo aquello que constituye “lo humano”.

El Respeto es un principio fundamental del Liderazgo, tanto para el Líder como para todos y cada uno de los Seguidores. Vive en la reciprocidad, pero también cohabita en la universalidad, ya que si el equipo se permite que en alguna circunstancia aislada se presente y se soporte la falta de respeto, pronto esta ausencia cundirá como plaga y deteriorará la vida plena de la relación humana en todo el contexto colaborativo. Además, el Respeto es base en la Confianza, y esta lo es del Compromiso.

Las Relaciones de Comunidad (aquellas desde la que no se espera obtener algo a cambio) se basan en esos tres pilares para su sustentabilidad y trascendencia. Y aunque las Relaciones de Intercambio surgen y se empoderan en la colaboración, la empatía, la solidaridad y la sinergia que generan, sin duda trascienden en la reciprocidad cotidiana del respeto, la confianza y el compromiso, ya que adquieren sentido no sólo en relación al resultado buscado, sino en la contribución a la consolidación social del grupo como una verdadera Comunidad de Propósito.

La red interna de relaciones dentro de un grupo laboral que aspira a vivir y convivir dentro del trabajo de equipo, en su búsqueda de alcanzar resultados extraordinarios, no puede entenderse exclusivamente desde uno de los dos tipos de relaciones citadas. A sí mismo, en la consolidación del trabajo comunitario a lo largo y ancho de la organización, tampoco pueden entenderse las relaciones humanas desde aquellas que llamamos Relaciones Puente (coordinación entre equipos en la construcción flexible, dinámica y adaptable en razón al intercambio necesario entre ellos, la comunicación asertiva y la consolidación del entramado social-organizacional), o las que distinguimos como Relaciones Vínculo-Comunitarias (arquetipo irrestricto que responde al impacto del sentimiento de orgullo que provoca en todos los equipos en su conjunto el pertenecer a la Comunidad); siempre existen y operan las dos unidas por la naturaleza humana de las personas que conforman libremente y con convicción plena, el Ser Colectivo que construye, distingue e identifica a la Comunidad de Propósito de que se trate.

Todo lo anterior nos habla de la situación idónea, el sistema y las condiciones favorables que le son generativas al Liderazgo forjador de Destinos. Sin embargo, cuáles serían las cualidades del Líder-Coach como motivador, influencia e inspiración del equipo y/o comunidad a la que pertenece. Cómo entender la autoridad facultativa que requiere para que la colectividad alcance el propósito superior que les convoca, les une y les trasciende.

En parte, ahí está el valor primordial de la Tolerancia.

En un contexto ampliamente alejado del clima laboral tradicional, el intentar gatillar en los demás la motivación necesaria para entregarse de lleno a la aspiración superior en curso, podría entenderse y sentirse como una situación de imposición si no es bien manejada por el Líder-Coach. Por tanto, este tipo de Líder debe tener cuidado y maestría para que su grupo sienta en verdad natural, tanto el llamado a la acción motivada y comprometida, como los procesos de influencia e inspiración que buscan sustentar y hacer crecer la intención colectiva. Todo ello aunado a la legitimación cotidiana del poder conferido (por la comunidad) al Líder-Coach para la guía a través del camino que lleve a la consecución del Propósito Superior pretendido colectivamente y hacia la plenitud que en lo humano, se busca alcanzar en el convivir social que implican los Lugares de Potencial Realizado.

Así, el Líder-Coach arranca, enfoca y trasciende el accionar social, propio del Ser Colectivo que forja Comunidad, a partir de su capacidad de aceptar a los demás y a sus ideas, preferencias, pensamientos, creencias, comportamientos, juicios, actitudes y demás condiciones de lo humano, no sólo como el Capital Social de su Comunidad, sino principalmente como la plataforma de impulso necesaria para llegar a donde se quiere llegar, y hacerlo desde el Ser que se quiere ser, en razón del sentido que todo ello tiene.

Se puede desprender de lo anterior, que la Tolerancia es una cualidad humana impulsada por el Liderazgo, que debe existir en el interior de todas y cada una de las personas que integran el equipo o comunidad, principalmente en los Líderes. En todos y cada uno de los seres humanos involucrados, sin excepción alguna y sin importar su rol. Por tanto, es una condición recíproca que surge, crece, se multiplica y se consolida al interior de los Lugares de Potencial Realizado, y coadyuva activamente a sustentar las Comunidades de Propósito a través de la aplicación de lo mejor de la Naturaleza Humana.

La Tolerancia es lo que permite la convivencia armónica y productiva, y es esta cualidad, una de las necesarias para la realización de las personas. Sin embargo, el trabajo requiere de esfuerzo compartido que desgasta y provoca cansancio. De soportar exigencias que no nacen de mi convicción sino de las necesidades del grupo. De interactuar con otros que difieren de mí en sus creencias y sus historias, y muchas veces nos confrontamos. De perseguir anhelos que las más de las veces parecieran reclamar el postergar nuestros sueños y hasta la renuncia a ellos. De encerrarnos en la rutina y lo monótono por amplios espacios de tiempo, generando en nosotros frustración y hartazgo. En fin, si nos centramos en lo malo del trabajo, la lista da para mucho.

Pero también el trabajo es considerado por muchos seres humanos como algo supremo, incluso como una muestra del favor divino. Sin duda es un proveedor de recursos para el subsistir del hombre, de tranquilidad para las familias que dependen de él, de posibilidad para alcanzar nuestras aspiraciones relacionadas con el dinero. Pero también es un reto que reclama lo mejor de nosotros mismos y que brinda satisfacción y realización en el éxito. Es una posibilidad de crecimiento y desarrollo humano. Una ventana a la plenitud, a la oportunidad de servir a los demás y a la trascendencia que reclama nuestra alma.

Y eso es lo complicado respecto al trabajo. Que las experiencias son contradictorias, yendo de lo altamente positivo hasta el extremo contrario, lo altamente negativo. Además, el trabajo subordinado siempre reclama la convivencia social de las personas, lo que hace que se sumen las complejidades propias de la relación humana. Es por todo ello que cada Líder debe actuar como catalizador entre lo bueno y lo malo, para asegurar que el clima laboral imperante en su entorno de impacto sea positivo y coadyuve al logro colectivo buscado. Es vital para los equipos y la comunidad en su conjunto que este rol de catalizador sea reconocido como una de las responsabilidades sustantivas de todo Líder, y que sea vía la Tolerancia donde las personas encuentren no solo el clima, sino la cultura que les permita impulsar y fortalecer sus capacidades colectivas de logro.

El cultivo de la Tolerancia debe darse hacia el interior de cada uno de nosotros. No podemos “tolerar” por decreto, no se trata de soportar por soportar. Cada persona debe estar convencida de las bondades de contenernos en esta “cualidad”. La reciprocidad en la Tolerancia es lo que la engrandece, ya que no solo facilita y fortalece la relación, sino que su virtud principal está en poder transformarse en una ventana hacia nuestro interior, desde la que se aprecie “lo mejor de nosotros mismos”, se exprese ese gran Ser que estamos llamados a ser, y cuyo valor comunitario está en generar, fortalecer y consolidar el “Ser Colectivo” que contiene y conforma toda Comunidad de Propósito.

En el día a día, en ese Tiempo Real de Jim Selman, la Tolerancia es el mejor caldo de cultivo para que crezca y se multiplique el Alto Desempeño y, con ello, los lugares de trabajo operen como verdaderos Lugares de Potencial Realizado en los que la plenitud y la felicidad sean condiciones humanas compartidas por todos, y condición colectiva de identidad, diferenciación y orgullosa pertenencia.

Roberto Arzate

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