El reto de mi "Primer Día"

A mis 30 años he recibido mi primera oportunidad de dirigir un grupo importante de personas. Más de cien compañeros estarán bajo mis órdenes en la realización de sus funciones dentro de la organización. Sin duda un reto importante, el más grande hasta hoy.

He culminado mi Master y me siento con la entereza de transitar por el camino del éxito, reclamando mi propio espacio. Aquel que he ganado limpiamente, sin nada que ocultar ni de que arrepentirme. Soy joven, ya lo sé, y quizá me falte experiencia, pero las ganas de comerme al mundo compensaran lo aún no vivido y me colocaran ahí, donde puedo obtener un mayor aprendizaje y donde puedo servir mejor a los demás.

Mientras conduzco mi automóvil camino a mi nueva oficina, voy pensando en lo mucho que habré de luchar para poder tener éxito. Me angustia reflexionar en fracasar, enfrentarme a una oportunidad que no supe aprovechar. Aunque creo que mi juventud asegura que tendré muchas otras oportunidades en la vida, quisiera seguir siendo acompañado por el éxito que avale mis competencias. Quisiera aprovechar al máximo esta oportunidad y ser factor en la construcción de mundos nuevos, para mi área y mi Comunidad.

[…] todo lo que el filósofo sostiene sobre el hombre no es sino básicamente un pronunciamiento sobre el hombre en un periodo muy limitado de tiempo. La ausencia de sentido histórico es el defecto congénito de todos los filósofos (Rafael Echeverría, Nietzsche en Mi Nietzsche – La filosofía del devenir y el emprendimiento, Editorial Granica, 2013, pág. 49).

Y en mi reflexionar me olvido de lo que he logrado en mis cortos años de vida laboralmente activa. Me coloco en un presente y un futuro inmediato que me inquietan y sacan de balance. Sé que lo importante es rápidamente asumir con responsabilidad lo que Nietzsche dijo en “La voluntad de poder”: Una persona ambiciosa entiende que el presente construye futuro y, al hacerlo, trasciende lo que hoy existe.

Y sí, soy ambicioso. Lo soy en términos de que la ambición nada tiene que ver con el soñar en la opulencia desmedida o el inmoral acaudalar. Lo soy en el entender que ambicionar es lo que nos saca de la resignación y nos enseña a ver el futuro con optimismo, coraje y ganas de superación. Desde mi mirada ontológica, como Coach que soy, entiendo el carácter generativo de la ambición y la entiendo como una herramienta muy útil para construir una nueva realidad. ¡Y ahora tengo un gran ejército para conseguirlo! El reto es, dejar aparecer ese propósito superior que nos es común, que nos convoca y cohesiona, que nos inspira y apasiona, que nos constituye e identifica, e impulsar la alineación del esfuerzo colectivo a ese, “nuestro propósito”.

Y sin duda, esto sólo puede hacerlo un Líder. Y qué garantía tengo de poder ser un buen Líder. Una inquietud más en que pensar. Lo bueno es que el camino es largo…

Líder es aquella persona capaz de convocar y sumar las voluntades activas de otras personas en torno a un propósito superior que les es común, que les identifica y les es generativo como Comunidad.

En su Liderazgo, gestiona asertivamente las declaraciones que surgen en el vivir de la Comunidad, impulsando ofertas y pedidos que son capaces de convertirse todo el tiempo en promesas cumplidas, sustentando ese vivir comunitario en los valores que profesan y en la sinergia generadora de resultados extraordinarios. Así, las redes relacionales bien enfocadas en lo colectivo y el potencial realizado de los involucrados, sustentan la existencia plena de la Comunidad en lo socio-cultural y en las virtudes necesarias para dar cohesión, impulso, ambición y pasión, con sentido de orgullo y pertenencia.

El Líder es un constructor de destinos ya que es capaz de impulsar el surgir de la mejor expresión del Ser de cada uno de sus Seguidores y del él mismo, mientras guía el esfuerzo de todos los involucrados, enfocándolo en dejar aparecer aquello a lo que aspiran como el Ente Social en que se han constituido en libertad.

Rafael Echeverría encuentra en Nietzsche el apoyo profético de la necesidad de transformación de nuestro mundo y de nosotros mismos, desde el sentido de una interpelación que nos llama a construirlo. Cita textual: La filosofía de Nietzsche nos muestra la posibilidad de diseñarlo nosotros mismos. El mundo del que Nietzsche nos habla es un desafío al emprendimiento. Se trata de un mundo que requiere ser generado (Rafael Echeverría, Nietzsche en Mi Nietzsche – La filosofía del devenir y el emprendimiento, Editorial Granica, 2013, pág. 74 y 75).
Sí, me angustia el día de hoy. Pero creo que más que por lo que realmente vaya a pasar, me angustia porque comprendo que es el inicio de una nueva historia. Una que yo quiero que se escriba con asertividad y grandes resultados. Quiero tener éxito como Jefe, constituyéndome en el mejor Líder posible para mi equipo. No solo asumo la responsabilidad de gerenciar de forma efectiva nuestro espacio en la organización, sino que quiero contribuir a que ésta última logre lo que se viene proponiendo en el transitar del tiempo. Quiero que mis subordinados puedan ver en mí el Líder que cumple con sus expectativas de ser bien conducidos y representados. Quiero estar a su servicio siempre que esto sea necesario, y ser resolutivo y factor diferencial positivo en sus propias historias.

En el decir de la Madre Teresa de Calcuta, quiero servirles hasta que duela, y conforme duela servirles aún más. Y lo que digo no es pose o simple alocución, creo firmemente en que la posición de Líder llega a reclamar incluso del sacrificio personal, y estoy dispuesto a asumir mis responsabilidades con compromiso irrestricto. Considero que al sentir dolor puedo estar cierto de que mi servicio es necesario, que se está resolviendo lo que nos falta en nuestro vivir comunitario. Y no es que el dolor sea absolutamente necesario o deba irremediablemente acabar en sufrimiento. El dolor es ausencia y necesidad, y el Líder debe estar ahí para hacer frente a lo que su grupo no tiene y necesita. Como proveedor que es, el Líder impulsa su Liderazgo en la medida que provee a su grupo de lo necesario para el logro pretendido. Así, el dolor se convierte en un fiel contribuyente a la causa que se persigue, al destino que se pretende forjar, ya que impulsa en la búsqueda de conseguir lo necesario para asegurar el logro anhelado.

Además, el buen Líder busca rescatar del dolor a sus fieles seguidores, pretende su bienestar permanente y con ello, que se aparten del dolor el mayor tiempo posible. Dicen que el último que se sienta a la mesa a comer es el Líder, por lo que el dolor le avisa y ayuda cuando falta algún seguidor por acercarse a la mesa servida, tanto como en la posibilidad de que esta última no haya sido suficientemente vasta.

El líder no es solo alguien que participa activamente en la invención de sí mismo; al hacerlo transforma el espacio social de su comunidad y genera un ámbito en el que, a la vez, otros acceden a nuevas formas de ser. El líder, por lo tanto, representa un espacio de encarnación del ser social de la comunidad de la que somos miembros. Toda forma de liderazgo implica el abandono de una visión individualista estrecha de sí mismo. Involucra el retorno del individuo a su ser social. Se trata de la realización del ser individual en su ser social (Rafael Echeverría, Ontología del Lenguaje, Editorial Granica, 2005, pág. 238).

Me acerco cada vez más a mi nueva oficina y “las mariposas” revolotean con mayor fuerza dentro de mi estómago. La emoción se dispara y la incertidumbre me invade y se apodera de mí. La hora de la “verdad” se aproxima y, con ella, mi miedo se acrecienta y amenaza con desbordarme.

En esta zozobra, pienso en el tipo de “promesa” que habré de hacer frente “a los míos”. Qué ofertas y pedidos saldrán de mí conversar y tendrán que enfrentar la declaración de satisfacción que acordemos. Qué tipo de compromiso sustentará mi decir, así cómo y en qué tiempo tendrá que aparecer en la práctica cotidiana.

Cuál es “mi ser social” que me permitirá construir Comunidad de Propósito y forjar Destino. Cuál es el contexto para una trasformación radical de mi área de trabajo, para convertirla en un verdadero Lugar de Potencial Realizado, donde todos podamos aspirar y lograr vivir en plenitud, bienestar y felicidad.

Parece demasiado grande la pretensión y demasiado ingenua la aspiración, pero es desde esa mirada que quiero construir y operar mi Liderazgo. Con ello me comprometo y en ello me juego mi posibilidad de éxito.

Ahora bien, cómo se lo explico a mis seguidores para contar con su compromiso activo y propositivo, así como lograr legitimar en el día a día, mi Liderazgo. Cómo impulso las promesas mutuas, las conversaciones poderosas, las redes relacionales, los resultados extraordinarios, que se esperan de nosotros y, en particular, de mí mismo como nuevo Líder de aquella área que pronto habrá de estar bajo mi conducción.

Los minutos pasan, los tiempos se acortan, y ahí voy, en mi querido automóvil hacia la forja de mi destino. Pensando en la manera de “preparar” el trabajo de forma diferente, de “negociar” los términos que aseguren la participación comprometida de todos nosotros, de transformar el potencial humano existente en acción cotidianas que generen la “realización” adecuada de lo que haya que hacer y se alcance plenitud y resultados extraordinarios, a través de dejar aparecer condiciones fundamentalmente diferentes, mundos mejores, y que se cumplan las condiciones de satisfacción impuestas por nosotros mismos para medir nuestra “aceptación”. Cómo hacer que este Ciclo Básico del Trabajo impulsado por Fernando Flores (quien sentara las bases del Coaching Ontológico), se convierta en nuestra cultura, en nuestra capacidad cotidiana de tomar acción, en nuestra forma humana de producir realidad.

Estaciono mi auto y me bajo, teniendo cuidado de dejarlo bien cerrado. ¡Qué lindo tener un lugar de estacionamiento asignado! Camino hacia el auditorio en donde será mi presentación ante mi nuevo equipo. En esta mi primera conversación con ellos, debo dejarles claro que cuentan con todo mi respeto que como personas y compañeros me merecen, que debemos construir la confianza que nos una en torno al propósito superior que nos es común, y asumir el compromiso necesario con la Comunidad y con nosotros mismos.

Tengo que ser contundente en convencer que el camino es la colaboración en comunidad, la empatía y la solidaridad que nos brinden cohesión y consistencia, y la sinergia que nos empodere y permita que surjan los “resultados extraordinarios”. Cuidar y desarrollar diariamente la red relacional y el apego ético que nos permitan la convivencia armónica y altamente productiva, generándole sustentabilidad a nuestro trabajo de equipo, luchando apasionadamente día a día, por alcanzar los resultados sorprendentes a los que nos hemos comprometido. Relaciones y resultados, columnas vertebrales de nuestra actuación y nuestro bienestar.

Me coloco en el umbral de la puerta justo antes de entrar al auditorio. Se escucha un fuerte bullicio, propio de las múltiples conversaciones simultáneas en que se encuentra un grupo tan grande. ¡Hay que ir por todo!, mi equipo tiene que quedar convencido de que tienen Líder para rato. Y que digo Líder, “Buen Líder”.

¿Entro o no entro? “Me empujo” y empiezo a caminar rumbo al interior, mientras el auditorio se llena de aplausos y mis oídos también…

Roberto Arzate

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