"Creciendo desde mi propio Nivel de Incompetencia"
Un
ensayo de Fin de Año…
En Administración, el Principio de
Peter (Laurence J. Peter) o Principio de Incompetencia, afirma que las personas
que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor
responsabilidad, a tal punto que llegan a un puesto en el que no pueden
formular ni siquiera los objetivos de un trabajo, y alcanzan su máximo nivel de
incompetencia. Incompetencia es un término que indica ineficacia de un sujeto o
sistema frente a su universo. En lo social, habla de aquella persona o sistema
que no tiene la capacidad o las competencias necesarias para resolver o
funcionar de manera eficiente.
Así, me debato entre lo eficaz y lo
eficiente, y me refugio en la creencia de que esto no es muy relevante: “el
caso es que no tengo las respuestas que necesito para estar ahí”. Y cuando me
entero que el Español José Ortega y Gasset, a principios del siglo pasado,
según algunas fuentes, hizo referencia a un concepto semejante desde este
aforismo: “Todos los empleados públicos
debieran descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos
hasta volverse incompetentes”; pues mi amargura llega a su máximo, ya que
yo he sido, y sigo siendo, empleado público por más de cuarenta años
ininterrumpidos. Es más, en mí caminar, he conocido a muchos colegas que nunca fueron
ascendidos, que siempre ocuparon el mismo puesto.
Retomando a Laurence J.
Peter, se dice que en el corolario de su famoso principio, deduce dos juicios:
Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.
El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia.
Y yo, en lo personal, creo que estos
dos juicios no dividen a los “ocupadores de puestos” (llámese empleados, jefes,
alta gerencia, etc.) en dos categorías, sino que se trata de dos espacios
complementarios entre los que nos debatimos todos los días en nuestro Hacer. Por consecuencia, podemos hacer
otros dos juicios, quizás estos “no fundamentados”:
Sólo aquel que no está en acción, que no ocupa un puesto o un rol en este momento de su vida, no estaría colocado (en el presente) en ninguna de estas dos circunstancias.
Sólo aquel que se ha declarado “vencido” o “producto terminado”, estaría permanentemente en sólo una de ellas. Y desafortunadamente, creo que dicha circunstancia sería: “haber alcanzado su Nivel de Incompetencia”.
Y toda esta reflexión nace de que en
el devenir de mi vida, un día me habló mi “Ser
Iluminado” y me dijo: hoy me propongo mostrarte tu “capacidad de Ser posibilidad” y tu “Nivel de Incompetencia” actual, desde tu propia vocación de
servicio. Quizá cabe hacer la aclaración que me considero (y tengo “papeles”
que lo demuestran), un Coach Profesional, formado principalmente por el
Tecnológico de Monterrey, y de “tendencias Ontológicas y Biológico-Culturales”,
siendo mis principales referentes Humberto Maturana y Rafael Echeverría.
Ese día, por la mañana, me visitó un viejo
amigo (tanto por su edad cronológica como por los muchos años que he gozado de
su amistad y me ha distinguido con su aprecio); el cual llego acompañado por
uno de sus hijos, con el fin de consultarme sobre la conveniencia de un ascenso
laboral que le proponían. Sin entrar en mucho detalle del caso, este joven
emprendedor trabajaba en los fines de semana en nuestra Institución y entre
semana en una Consultoría, ya que estaba aprendiendo, tanto cómo trabajar ahí,
como cómo construir su propia Consultoría, ya que la visualizaba como su mejor
futuro profesional y personal. En mis palabras, “era el destino que había
decidido forjar para él”.
Los minutos transcurrieron, la
conversación marcó su devenir, las preguntas se hicieron, y más que ver como
las respuestas llegaban, me lleno de gozo lo que juntos estábamos co-creando y
que puedo resumir en esta frase que dijo mi interlocutor en un momento dado: “lo
que hemos dicho me está haciendo ver muchas cosas en las que no había reparado,
para seguir asertivamente por el camino que me he marcado”. Lo que yo traduzco
en: “En el devenir de mi vida, en nuestro conversar, hoy me dado cuenta de
mucho de lo que yo necesito para “vivir mi vida como la he decidido vivir”,
para “ser el Ser que he decidido ser”.
Y me gustó mucho como lo conversamos, incluyendo el aderezo que puso a la
conversación el decir de mi amigo, ya que aportó un conversar desde las añejas
creencias, las ataduras y los miedos, que cargamos diariamente la mayoría de
los “viejos burócratas”; más cuando además, colocó la cereza en el pastel,
desde su posición de Padre comprometido y preocupado por el futuro de su hijo.
No cuento más… baste decir que se
apareció ante mí la creencia de que mi vivir como Coach, gracias a mi
entrenamiento de ya muchos años, se torna altamente efectivo cuando converso
con jóvenes emprendedores que me
comparten sus sueños. Quizá porque dejo aparecer “el emprendedor” que siempre
ha habitado en mí y que se expresó en la ocasión cuando coloque el “ancla” que
llamara a lo tratado, cuando así se requiriera: “cuando su Consultoría triunfe,
me comparte un mensajito… ¿Se acuerda? Triunfamos.
Eso se tatuó en él… y en mí.
Saliendo mi amigo y su hijo de mi
despacho, entró una compañera de trabajo, ya también de muchos años de
trayectoria dentro de mi Institución. Ella me había abordado previamente y me
pidió que le diera un consejo de cómo superar una dificultad laboral por la que
estaba atravesando desde hace ya varios años.
En nuestro conversar surgieron muchas
cosas, pero el hecho es que yo noté que ella “neceaba” queriendo hacer valer
todo aquello que, según ella, había hecho por la Institución. Desde mi
conversar interno y por mi formación, arme la creencia que si mucho exhibía su
pasado, era porque vivía en la falta de confianza en cómo acciona en el
presente. Y el tono de nuestro lenguajear subió, y las palabras se vistieron de
gritos. Por momentos, parecía que nada bueno de ello se habría de desprender,
pero nunca falta la flecha certera que el arquero entrenado, logra colocar en
el centro del alma de su interlocutor. Sin embargo, siempre queda en uno la
sensación de que el momento no fue, ni agradable, ni útil, para ambos, y desde
mi profundo reflexionar, la certeza y la añoranza de que pude haber hecho mucho
más en favor de acompañarle en su propia búsqueda de su Destino; aquel que
quiere forjar para ella misma, en el devenir del resto de sus días.
La insatisfacción me acompañó el resto
de la tarde, pude recordar muchas otras intervenciones en donde mi interlocutor
también fue “una persona difícil”, y mirar cómo mi desempeño no fue mejor,
aunque “algo se hubiera logrado”. Y digo que “algo se logró” ya que las más de
las veces, ante una nueva dificultad, las personas regresan y me distinguen con
su confianza y su conversar, aunque nuevamente lo hagamos desde nuestro
apasionado decir. Y nunca faltan las llamadas para algún agradecimiento o para
expresar su inconformidad, acompañándola de malas palabras. En fin, de lo que
se trata es de “estar presentes”, pues es el único espacio desde podemos
acompañar a un otro.
Y sí, donde mejor se expresa mi talento,
es en el conversar con jóvenes emprendedores, incluyendo en ello mi dos hijas millennials.
Y donde alcanzo con facilidad mi máximo nivel de incompetencia, es en mi
conversar con personas que he calificado como “difíciles”, quizá por las
creencias que he ido construyendo respecto a este “tipo de personas” y,
principalmente, por qué no, porque estas experiencias hacen surgir lo peor que
hay en mi Ser, no solo lo que
constituye mi sombra (según Echeverría), sino principalmente aquello que me
constituye desde lo más obscuro de ese Ser que soy; lo que está allí, porque aún
no lo he podido pulir, no lo he podido sacar de mi alma.
Así, los extremos para el camino de mi
vida en el próximo año, están dotados y colmados de toda claridad en mí. Debo
mejor aprovechar mis potencialidades en mi relacionar con los jóvenes emprendedores,
buscando constituir una poderosa “red relacional para el emprendimiento”, quizá
desde el escribir y publicar, quizá desde el dar forma y acción a mi propia
consultoría, quizá desde mi actuación institucional comprometida, o quizá desde
todo ello y mucho más. Y en cuanto al otro extremo, debo superar ese accionar
que surge desde mis creencias sobre aquellos a los que yo considero “personas
difíciles”, desde mis juicios (la más de las veces, infundados); mientras sigo
aprovechando cuanta posibilidad me otorga la vida para servirles
comprometidamente y para impulsar mi crecimiento personal. En concreto, la
perfección mi Ser debe pasar, en el año
que pronto inicia, por acercarme a tanto joven emprendedor pueda, y ser factor
proactivo y provocativo, a favor de sus emprendimientos. Por otro lado, debo
pulir mi capacidad de servicio a favor de quienes considero “personas difíciles”,
principalmente desde el desfundamentar los juicios que sostienen mis creencias,
y desde la empatía que implica comprender comprometidamente su dolor, su
sufrimiento.
La paradoja está en que, aunque tengo
muy claro los extremos de mi vivir, aún debo llenar el vació que hay entre ellos,
y hacerlo desde la compatibilidad y la congruencia que se requiere para que mi
vivir funcione justo como quiero vivir, y sea yo capaz de forjar todavía
algunos Destinos brillantes, desde mi compromiso con la vida y con mi
Liderazgo.
Bueno, con la mejor de mis intenciones
les comparto esta breve lectura, para ver si por breve la leen y la comparten;
pero sobre todo con la ilusión de que se convierta en ustedes en un “impulsor”
que les lleve a reflexionar sobre su propio “vivir con propósito”, lo que sin
duda los empezará a transformar en “Líderes
forjadores de Destinos”, comprometidos con el co-crear un Mundo mejor para
todos nosotros.
¡FELICES FIESTAS!

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