Confianza
Hace algunos días, en un curso que
estoy tomando, estábamos hablando de la “confianza” y la expositora contó una
historia personal que le sucedió en una sesión de coaching…
Se encontraban, ella y su Coachee,
en el jardín de su casa llevando a cabo una sesión de coaching, hablando
precisamente de fortalecer la confianza, cuando de pronto bajó un pájaro y
empezó a caminar muy cerca de ellos, casi tropezando con sus zapatos. Aquel
pájaro cantaba con una alegría especial y volteaba a verles frecuentemente,
cantando aún más alto.
La coach comentó con su Coachee,
“mira, precisamente eso es confianza, un digno ejemplo de una gran confianza”.
Y yo me pregunto ¿Qué sostiene la
confianza del pájaro en cuestión, donde habita su motivación para que aparezca
dicha confianza?
Será que su intuición le decía que
aquellas dos personas eran buenas y no pretenderían hacerle ningún daño… Es
más, estaban ocupadas en lo suyo.
Sería acaso que el pájaro entendía
que estaban conversando de algo importante y no podían distraerse de ello…
Quizá sería que ese día tenía ganas de
retarlas, para comprobar que él, un simple pájaro, era mejor que ellos dos…
Es más, acaso sería que el pájaro
necesitaba ayuda y estaba investigando si la coach podría prestarle el
acompañamiento que buscaba…
¿Qué
sustentaba su confianza? ¿Dónde habitaba la declaración de que su actitud
mostraba “confianza”?
Sería acaso que simplemente su
instinto le decía al pájaro que si se mantenía atento, aquellas dos animales no
podrían alcanzarle, porque su rapidez, su fuerza y sus alas harían diferencia a
su favor…
O sería acaso que aquel pájaro,
entretenido en comer, cantar y cuidarse de las dos personas, no tenía forma ni
necesidad de reflexionar (quizás porque no le ha sido dada dicha capacidad), y
solamente estaba ahí porque había comida y su instinto de supervivencia le
indicaría cuándo volar, en cuanto detectara la más leve muestra de peligro…
Yo quisiera creer en estas dos
últimas posibilidades… ¿Por qué?
Porque creo que la confianza debiera
nacer de nuestra convicción personal de que tenemos las suficientes
características, habilidades y competencias para responder a la vida, por lo
que podemos vivirla con cierta osadía, responsabilidad y cuidado, pero sin
limitarnos en nuestros afanes.
Es más, creo firmemente que podemos
hacer conscientemente de lo anterior, un hábito maestro que acompañe nuestro observar
e interpretar en el día a día; para luego, internalizarlo y colocarlo en
nuestro inconsciente, para tenerlo ahí, preparado, para que se detone cuando se requiera.
Declaración: “Porque confió en mí, yo confió en ti, no sin dejar de estar atento al
devenir de la vida”.
No es que el pájaro haya tenido las
experiencias para llegar a esta conclusión, la constitución de su cerebro quizá
no se lo permite. Pero la constitución del nuestro, el cerebro humano, si nos
permite comprender la metáfora. Es más, la Naturaleza, que es más sabia que
cualquier humano que haya existido, a su forma y desde mi creer, hizo eso que
he narrado y lo encerró en aquel lugar de supervivencia del cerebro del pájaro,
que nosotros llamamos “instinto”, y que va más allá de su propio devenir,
constituyendo su trascendencia.
Una buena reflexión para empezar a
salir de la pandemia, ¿en donde habita o debe habitar, la confianza para
recuperar nuestra libertad y poder vivir con responsabilidad y compromiso? ¿Es
importante reflexionar en ello?
Yo
ya lo he hecho, y lo sigo haciendo…
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